En qué te apoyas?

By Victor Chertkov | Masíki

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Cuáles son tus #apoyos? 

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Apoyos internos – antecedentes

 El tema de los apoyos y el trabajo con ellos es un préstamo de la tradición espiritual rusa de los Masíki. Una tradición que propone un camino de autoconocimiento partiendo del hecho que somos un alma.

El trabajo con los apoyos ocupa un importante lugar en sus prácticas corporales y también el concepto de los apoyos mentales está desarrollado en detalles.

 Apoyos internos – cuerpo físico

Estamos tan acostumbrados que podemos mantenernos de pie o sentados sin caer lo cual nos parece algo que se da por supuesto. Para nada es así. Si observamos a los bebes que aprenden a desplazarse y a ponerse de pie, pasan por un proceso de aprendizaje antes de poder ponerse de pie o, incluso, de sentarse.

Más tarde esta tarea queda resuelta – aprendemos a mantenernos de pie y se nos olvida la naturaleza poco menos que mágica de este acto.

A la hora de recibir la educación, que es más una formación, escolar empezamos a “descubrir” que los apoyos del cuerpo los constituyen nuestros huesos y la columna vertebral en concreto. Este “saber” lo extraemos de la anatomía. Lo cual no es más que una ilusión. Es un “conocimiento” memorizado, no extraído de la experiencia directa.

Tanto es así que al leer esto no estaréis de acuerdo conmigo, me vais a decir: noto que mis huesos me sostienen. Además vi muchas veces el esqueleto humano (su réplica) y está claro que es el sostén de mi cuerpo…

El destino de los huesos es formar un montón sobre el suelo y el de los músculos, una bola. Los huesos tan solo son unos limitadores, unos elementos de rigidez y la musculatura tiene un tono permanente, es decir la tensión que no desaparece ni con la relajación mas profunda.

De esta manera los huesos evitan el colapso de los músculos.

Esa es la realidad. Teniéndola en cuenta, surge una pregunta ¿y cómo nos mantenemos de pie? Por puro milagro. Nuestras posibilidades de mantenernos en la vertical son exactamente las mismas que las del palo de una fregona. Si colocamos el palo de una fregona en vertical y lo soltamos, se caerá al suelo.

La única diferencia en este sentido entre nuestro cuerpo y un palo de fregona es que es cuerpo es un “palo” articulado. Tan sólo estoy considerando el aspecto estructural. Por supuesto el cuerpo humano tiene vida y es una diferencia crucial.

Además, si consideramos la superficie de apoyo de nuestros huesos, descubriremos que en cada punto ésta es de tamaño de una moneda de 1 céntimo aproximadamente. Esa es la superficie sobre la cual nuestro cuerpo se apoya para mantenerse en la vertical. Mantener la postura erguida (que no  el equilibrio) es un auténtico milagro y un misterio.

¿Qué es lo que nos mantiene de pie? Únicamente el deseo de hacerlo. Sólo esto. No es el esqueleto, ni los músculos. Y sin embargo los usamos para construir los apoyos.

Además, nuestros apoyos físicos, los del cuerpo, son dinámicos. Están en permanente movimiento, de ahí esa oscilación en la postura erguida. Una oscilación que denota un hecho muy importante: cuanto peor estamos (física, mental o emocionalmente), tanto mayor es la oscilación y viceversa. No obstante, la oscilación no cesa nunca.

Las personas mayores, en muchos casos, acaban usando apoyos adicionales (bastones, muletas, andadores) como consecuencia de una merma de seguridad en si mismos que puede ser provocada por cierto deterioro físico. La estructura corporal se mantiene prácticamente igual que en los mejores años de su vida, pero ahora es necesario sostenerla con un apoyo adicional.

Con todo lo dicho quise señalar un hecho demasiado evidente: siempre necesitamos apoyarnos en algo. Al dar eso por supuesto, lo perdemos de vista y, curiosamente, empezamos a perder gradualmente nuestros apoyos.

Nos alejamos cada vez más de nuestro centro (físico o mental) lo cual produce lo que solemos llamar desequilibrios. En realidad, mientras la vida se mantiene en el cuerpo, estamos en permanente des-equilibrio. Recordad la sensación de un intenso cansancio físico. Lo primero que deseamos es sentarnos o, incluso, tumbarnos.

¿Realmente no pueden sostener nuestros huesos y músculos el cuerpo? Pueden hacerlo perfectamente por mucho más tiempo, hasta cierto límite, por supuesto. Entonces ¿qué ocurre? Ocurre que el “fallo” no está en el cuerpo físico, son cosas de lo que en el Yoga llamamos los cuerpos sutiles.

¿Qué ocurre si en todo momento soy consciente de los apoyos físicos de mi cuerpo? Ocurre una cosa sorprendente – me centro. Para mantener la postura erguida hace falta estar centrado, mantenernos cerca de nuestro centro.

Una vez que lo aprendemos a hacer, se convierte en un automatismo y dejamos de prestarle atención, no nos damos cuenta de este hecho. Es cuando nos distraemos con cosas no corpóreas, nuestra atención queda atrapada en su gran parte por cosas y fenómenos que están fuera de nuestro cuerpo, incluso a una distancia muy grande.

Es el caso cuando nos quedamos atrapados en nuestros pensamientos, queriendo llegar a lugares distantes mientras nuestro cuerpo se “arrastra” en el lugar donde se encuentra en este momento.

Podemos argumentar que siempre lo hacemos así. En efecto, raras veces nos caemos andando o estando de pie, por ejemplo. Cierto. Pero también es cierto que casi siempre nos mantenemos en la mismísima frontera del des-equilibrio, muy cerca del punto en el que empieza la caída libre.

De hecho una caminata no es más que una caída controlada y dirigida. Los estados mentales o emocionales que experimentamos generalmente son experiencias dinámicas. Por eso nos cuesta tanto practicar las técnicas de meditación, esa quietud y centramiento se ven destruidos, saboteados por el movimiento interno que nos coloca al borde del desequilibrio.

Nos cuesta encontrar e instalarnos en unos apoyos sólidos y estables.

Entonces, siempre nos apoyamos sobre algo física, mental o emocionalmente. Si la parte física queda más o menos clara, la parte mental y emocional no lo es tanto.

 Apoyos internos – mente

 ¿En qué nos apoyamos mentalmente? En el conocimiento. Nos apoyamos en el conocimiento codificado en conceptos, conceptualizado. La conceptualización se produce tan solo en el entorno humano, en la cultura, en la sociedad.

No es necesario conceptualizar viviendo en medio natural, fuera de la sociedad. La vida y la supervivencia en la naturaleza no requieren una conceptualización – basta con tener conciencia. La cultura es lo opuesto a la natura. Para sobrevivir con éxito en la naturaleza uno tiene que ser natural, es decir de la naturaleza, y no cultural. Sobra la cultura.

No es así en la sociedad humana. Le damos nombre a todo, lo conceptualizamos todo. No encontraremos ni un solo objeto o fenómeno sin nombre. Y todo aquello que no tiene nombre no existe.

Al nombrarlo, nos apoyamos en unos conceptos. Haciendo los trabajos de psicoterapia o coaching, por ejemplo, utilizamos no pocos conceptos. Nos apoyamos en todos ellos al trabajar nuestro mundo interno.

Pero también nos apoyamos en los conceptos que usamos en la cotidianidad. Voy a poner un ejemplo. Esta crisis financiera que estamos atravesando (año 2012) nos coloca en un estado de inseguridad. Suben el IVA y otros impuestos, reducen los salarios y las prestaciones sociales, intentan privatizar lo que hasta ahora era de acceso “gratuito”, recortan los derechos civiles y laborales, etc.

¿De qué estoy hablando? De la supuesta seguridad de nuestra existencia. Pueda que el concepto de seguridad que tengo se base en que alguien o algo, desde fuera, se ocupe de mi existencia. Si es así, me apoyo en algo que a priori tiene su propia “vida” y en algún momento se moverá.

Si mis apoyos se mueven mucho, fácilmente pierdo mi “equilibrio”, tengo la sensación de que estoy cayendo.

Sin embargo si el concepto de seguridad en el que me apoyo, se basa en mi capacidad de acción, de responsabilidad sobre mis acciones y mi vida, mi capacidad de aprendizaje, de desapego, etc. ya pueden subir o bajar lo que quieren. Dependo de lo externo tan solo en la medida en que me puede ser útil/necesario y en cuanto deja de serlo, construyo otros apoyos.

Soy yo el que me muevo alrededor de mi centro y, figuralmente hablando, hago que el mundo gire alrededor mío. Me apoyo sobre mis propios apoyos internos: físicos, mentales y emocionales.

En mis clases de yoga en grupos lo vemos muy bien usando nuestros cuerpos en las prácticas por parejas. Si me apoyo sobre el cuerpo de un/a compañero/a y él/ella se mueve, estoy obligado a seguir su desplazamiento para no perder “equilibrio” o bien me veo obligado a construir mis propios apoyos, es decir dejar de apoyarme en él/ella.

Si me apoyo sobre algo externo, tarde o temprano me veré obligado a moverme dependiendo siempre de lo externo. Si me apoyo en mi centro soy capaz de crear el movimiento alrededor de mi, permaneciendo yo quieto. Es todo un arte.

Esto lo vi y sentí muy bien durante los años de mi práctica de aikido. En este arte existe una “técnica” que se llama en japonés irimi nage, lo cual significa entrar proyectando. La esencia de esta técnica consiste en que el atacante busca el apoyo en el cuerpo de la persona a la que ataca y el que se defiende se lo retira y además aprovecha el impuslo del atacante para aumentar su des-equilibrio y, finalmente, proyectarlo. Mira este vídeo que es muy gráfico:

 Apoyos internos – emociones

Los apoyos emocionales son nuestras emociones y sentimientos. También nos apoyamos en ellos. Siempre buscamos la satisfacción o el placer.

Hagamos lo que hagamos, como resultado de nuestras acciones buscamos ese placer. Podemos decir que es el apoyo del alma en su viaje por los mundos densos.

Ninguno buscamos sufrir, aún cuando nos embarcamos en algo difícil, duro, cuando tenemos que sacrificar algo para conseguir lo deseado, tenemos como meta final no manifiesta esa sensación de satisfacción o de placer.

Inventario

Para ver mejor nuestros apoyos psíquicos y emocionales es interesante hacer un mapa de apoyos. En él podemos detallar todos los apoyos que usamos, describir su contenido.

Es una tarea que nos puede ocupar algún tiempo. Una vez hecho este mapa, será necesario dejarlo por algún tiempo y más tarde volver a examinarlo para introducir correcciones, puntualizar, añadir o quitar.

 Unos ejemplos

Un ejemplo de apoyos mentales y emocionales, digamos psíquicos, es el apego/desapego.

Un apego es una situación claramente desequilibrada: yo me apoyo en el objeto de mi apego, es decir existo en tanto en que existe ese objeto.

Si el objeto de mi apego desaparece, se pierde, se deteriora o se destruye, pierdo mi apoyo, pierdo mi equilibrio.

Puedo relacionarme con el mismo objeto desde el desapego. No me apoyo en él, existo en tanto en que soy. Me apoyo sobre mi mismo. La pérdida, deterioro, desaparición o la destrucción del objeto no me afecta.

En una etapa más avanzada del trabajo interior he de intentar desapegarme del desapego también, es decir trascenderlo. Dejar de apoyarme sobre él.

La búsqueda de un reconocimiento externo es la búsqueda de un apoyo externo. Nos pueden negar el reconocimiento y así perderemos el apoyo externo, perderemos nuestro equilibrio. En esta situación o bien estaremos sufriendo por la pérdida y buscaremos otro apoyo externo o bien construiremos nuestros propios apoyos.

El amor-necesidad es cuando en una relación buscamos únicamente el apoyo de la otra parte. Nos apoyamos en su amor hacia nosotros, en su reconocimiento, su disponibilidad, etc. Cuando la otra parte, por el motivo que sea, nos retira estos apoyos, experimentamos una caída libre al vacío: protestamos, nos ponemos agresivos, culpabilizamos, acusamos, etc. porque nos privaron de lo que considerábamos como algo obligado, los famosos “derechos adquiridos” – una “magnífica” expresión.

El amor-reconocimiento, por llamar de alguna manera una relación amorosa equilibrada y respetuosa, se basa en el reconocimiento de la independencia de las partes, de su libertad, en el reconocimiento de la responsabilidad sobre mi propia vida, compromiso de respetar de la otra parte, etc.

En este caso la experiencia de amor la vivo desde mi centro, no me caigo – siempre cuento con mis apoyos internos, ni tampoco arrastro al desequilibrio a mi pareja.

El no afrontamiento de las dificultades personales. Desplazo la responsabilidad sobre mi vida a los agentes externos ( el gobierno, la oposición, las instituciones de todo tipo, el sistema, los empresarios, las obras del tranvía, los jefes, los compañeros de trabajo, los familiares, etc.) creando así una situación potencialmente desequilibrada.

Pero también puedo afrontar las dificultades, asumir la responsabilidad sobre mi propia vida, ocuparme de las cosas que estoy haciendo en lugar de preocuparme por algo que ni hago ni pienso hacer, en este caso crearé mayor equilibrio interno e, incluso, lo puedo transmitirlo a los que me rodean.

Al enojarme muestro claramente que me apoyo en algo externo. Busco mediante mi enojo manipular a otra persona (haciéndola sentirse culpable) para que ella haga lo que yo quiero y así recobrar mi “equilibrio” interno.

Muy propio de los niños, de la subpersonalidad del Niño también. Una visión infantil del mundo.

Si estoy en mi centro (apoyos internos) puedo establecer una colaboración con alguien en provecho mutuo.

Ambos estaremos más armonizados. Si encima considero que esta colaboración puede acabar antes de lo que a mi me gustaría y lo acepto, mi armonía se afianza aún más. El enojo no tiene la razón de ser en esta situación, es algo que sobra, algo impensable, inútil.

Los conceptos como “paro” y “desempleo” reflejan la existencia de un desequilibrio intrínseco. Somos testigos de sus manifestaciones ahora, en estos tiempos de crisis. Esta conceptualización conduce a un desequilibrio inevitable; este desequilibrio está contemplado en el “diseño original” de las relaciones laborales.

Para que alguien sea manipulable es necesario hacerse dueño de sus apoyos.

Para terminar una cita del gran Hermann Hesse, de su obra “Siddharta”. Una historia contada con la maestría del mago de la palabra y un entendido de la filosofía hindú. Una historia sobre un joven que abandona el hogar paterno, la comodidad y el futuro prometedor. Se va al bosque con samanas (los ascetas) y tras tres años de práctica dura decide abandonar la senda del ascetismo. Pero para entonces ya aprendió a contar con sus propios apoyos. Camino a la ciudad se cruza con una famosa y bella cortesana, se enamora de ella y decide aprender el arte de amar con su ayuda.

Kamala, así era el nombre de aquella joven mujer que le preguntó sobre qué sabía hacer Siddharta. Sabía contar con sus apoyos.

Una pequeña cita, Hermann Hesse “Siddharta”.

“-Has tenido suerte -comentó Kamala, al despedirse-; se te abre una puerta tras otra. ¿Por qué será? ¿Eres un mago?

Siddharta replicó:

-Ayer te conté que sé pensar, esperar y ayunar, y tú encontraste que todo ello no servía para nada. Sin embargo, sirve para mucho. Te darás cuenta de que los ignorantes samanas aprenden en el bosque y saben muchas cosas hermosas, que vosotros no sabéis. Anteayer todavía era un mendigo sucio; ayer besé a Kamala; y pronto seré un comerciante y tendré dinero y todas las cosas que a ti te gusten.

-Eso es cierto -reconoció Kamala-. Pero, ¿qué sería de ti, si no fuera por Kamala? ¿Qué serías tú sin mi ayuda?

-Querida Kamala -manifestó Siddharta, al tiempo que se incorporaba-, cuando entré en tu parque, di el primer paso. Me había propuesto aprender el amor de la más bella de las mujeres. Y desde el momento en que me lo propuse, también sabía que lo lograría. Sabía que tú me ibas a ayudar; lo supe desde tu primera mirada, a la entrada del bosque.

-¿Y si yo no hubiese querido?

-Pero has querido. Mira, Kamala: si echas una piedra al agua, ésta se precipita hasta el fondo por el camino más rápido. Lo mismo ocurre cuando Siddharta tiene un fin, cuando se propone algo.

Siddharta no hace nada, sólo espera, piensa, ayuna, sin hacer nada, sin moverse: se deja llevar, se deja caer. Su meta le atrae, pues él no permite que entre en su alma nada que pueda contrariar su objetivo. Eso es lo que Siddharta ha aprendido de los samanas. Es lo que los necios llaman magia y creen que es obra de demonios. Nada es obra de los malos espíritus, éstos no existen. Cualquiera puede ejercer la magia si sabe pensar, esperar, ayunar.”

Hermann Hesse

Y una cita más sobre el encuentro de Siddhatra con el comerciante Kumaraswami:

“Siddharta marchó a casa del comerciante Kamaswami. Le habían enviado a una rica mansión; los criados le guiaron sobre valiosas alfombras hasta un salón, donde debía esperar al dueño de la casa.

Entró Kamaswami. Era un hombre ágil y atlético, con el cabello muy canoso, unos ojos sabios y prudentes, una boca exigente. Amablemente se saludaron anfitrión y huésped.

-Me han dicho -empezó el comerciante- que tú eres un brahmán, un sabio, pero que buscas empleo en casa de un comerciante. ¿Acaso te encuentras en la miseria, brahmán, y por eso buscas empleo?

-No -contestó Siddharta-, no me encuentro en la miseria, y jamás me he encontrado así. Has de saber que vengo de entre los samanas con los que he vivido mucho tiempo.

-Si vienes de los samanas, ¿cómo no vas a estar en la miseria? Los samanas no poseen nada, ¿verdad?

-Nada tengo -repuso Siddharta-, si es lo que quieres decir. Desde luego que no. Sin embargo, eso ocurre porque así lo quiero; por lo tanto, no estoy en la miseria.

-Pero, ¿de qué piensas vivir, si no posees nada?

-Nunca he pensado en ello, señor. Durante más de tres años no he poseído nada, y jamás pensé de qué debía vivir.

-Es decir, que has vivido a expensas de los demás.

-Supongo que así es. También el comerciante vive a expensas de los otros.

-Bien dicho. Pero no les quita a los otros lo suyo sin darles nada: en compensación les entrega mercancías.

-Así parecen ir las cosas. Todos quitan, todos dan: ésa es la vida.

-Conforme, pero, dime, por favor: si no posees nada, ¿qué quieres dar?

-Cada uno da lo que tiene. El guerrero da fuerza; el comerciante, mercancía; el profesor, enseñanza; el campesino, arroz; el pescador, peces.

-Muy bien. ¿Y qué es, pues, lo que tú puedes dar? ¿Qué es lo que has aprendido? ¿Qué sabes hacer?

Sé pensar. Esperar. Ayunar.

-¿Y eso es todo?

-¡Creo que es todo!

-¿Y para qué sirve? Por ejemplo, el ayuno… ¿Para qué vale?

-Es muy útil, señor. Cuando una persona no tiene nada que comer, lo más inteligente será que ayune. Si, por ejemplo, Siddharta no hubiera aprendido a ayunar, hoy mismo tendría que aceptar cualquier empleo, sea en tu casa o en cualquier otro lugar, pues el hambre le obligaría. Sin embargo, Siddharta puede esperar tranquilamente, desconoce la impaciencia, la miseria; puede contener el asedio del hambre durante mucho tiempo y, además, puede echarse a reír. Para eso sirve el ayuno, señor.”

Saber contar con apoyos internos propios, saber usarlos es un arte de magia. Está al alcance de cualquiera. De cualquiera que se compromete con su propio autoconocimiento.

Saber pensar, esperar y ayunar. Saber contar con apoyos internos, propios.

Fin de la historia

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Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(5) comments

[…] al mismo tiempo, nosotros también les servimos de apoyos para que ellos consigan los suyos. Mi jefe se apoya en mi, yo me apoyo en él, mi mujer se apoya en […]

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[…] Creamos una cultura de autoobservación que es fundamental, constituye el fundamento, la base, el apoyo, para avances […]

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[…] apegos sentimentales suelen ser más fuertes y más duraderos. Necesitamos apoyos sentimentales y de hecho está muy bien tenerlos pero al mismo tiempo constituyen una trampa: crean […]

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[…] reconsiderar algunas creencias que usamos como apoyos en nuestra relación con el mundo, habrá que construir nuevos apoyos para poder vivir el amor y en el […]

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[…] a la ira de otras personas pero también tiene sus particularidades. En todo caso es necesario que te apoyes en tu propia descripción y no en la de los […]

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