La personalidad compleja

By Victor Chertkov | Vida

La personalidad compleja en almayogavida.com

#Gustos simples y #mente compleja... secreto de felicidad?

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Esta frase de Fernando Savater es muy interesante y quiero comentarla ampliando el tema. Savater nos habla del conjunto gustos/mente y, aún desconociendo el contexto en el que él dijo esta frase, me parece una propuesta interesante.

Vamos a ver qué relación tiene esta frase con la personalidad compleja.

La personalidad compleja – gustos/mente o gustos/consciencia

En efecto, si nuestros gustos son sencillos, y con gustos entiendo nuestras preferencias, aspiraciones, deseos, etc. y la mente es compleja parece que podemos alcanzar la felicidad. Lo contrario, la mente sencilla y los gustos complejos, nos pueden llevar hacia unas vivencias desagradables, tensiones, malestar, etc.

Esa misma propuesta podemos reformularla y decir que los gustos sencillos y los contenidos de la consciencia complejos nos pueden facilitar la vivencia de la felicidad. Digo que pueden facilitar porque nada ni nadie nos asegura la felicidad, no basta con tener los ingredientes necesarios, hace falta saber juntarlos de una manera apropiada para obtener el resultado deseado.

Puesto que no sabemos qué es la mente no puedo tampoco decir qué es o cómo es una mente compleja. Por eso prefiero hablar de la consciencia que sin ser un tema menos complejo creo que es un poco más claro.

Cuando hablo de la consciencia hablo de ella en términos de un espacio en el que se almacenan las imágenes que aislamos y en este espacio habita el alma. En otras palabras la consciencia no es un decir sino un ente material (con una altura, anchura, fondo + el tiempo) en el cual habita el alma.

En otras palabras la consciencia está alrededor del cuerpo físico. Como dicen algunos psicólogos materialistas (los que tienden a explicar todo desde la fisiología) que se han visto incapaces de explicar la consciencia desde el cuerpo físico “la consciencia es un epifenómeno”, es decir algo que se manifiesta por fuera del cuerpo físico.

De la complejidad de la conciencia dependen nuestras vivencias. La consciencia se llena de imágenes del mundo circundante y de lo que nosotros importamos en ella. De allí, creo, esa palabra “importante”: lo que se importa dentro. Dentro de la consciencia.

En el cerebro aún no han encontrado ni los pensamientos, ni las imágenes, ni los recuerdos. Allí no hay nada de eso. Y menos mal que no hay nada de eso en el cerebro porque de ser así los “malos” pensamientos podrían ser extirpados a solicitud de gobiernos y gobernantes.

Sería el peor de los escenarios de la ciencia ficción que nos dibuja el mundo controlado vía el cuerpo físico, amputando partes del cerebro 🙁 .

Entonces, cuando hablamos de tener una consciencia compleja no hay que verla como una jungla o un montón de contenidos inconexos sino como un espacio en el que ya existe cierto orden, existe estructura, una composición bastante esbelta y muy funcional.

Por lo pronto nuestra consciencia, si le hacemos un corte temporal, está compuesta de capas. Son capas que se añaden a medida que vamos avanzando por la vida. Y si miramos atrás seremos capaces de ver esa complejidad, esas múltiples capas que la constituyen.

Esa complejidad de la consciencia, curiosamente, no hace la vida más liosa.  Al revés, si somos capaces de verla, asegura mayor claridad, empezamos a ver con mayor claridad nuestra vida y nuestro papel en ella.

Las capas de la personalidad compleja

Comenté que podemos ver mejor las capas. Me refiero a las capas que constituyen nuestra personalidad. Uso la palabra personalidad pero es un decir puesto que, por lo visto, no existe ninguna personalidad única sino más bien poseemos un conjunto de sub-personalidades. En un post anterior comenté el concepto de subpersonalidades, pues estas constituyen las capas que comenté.

Cada subpersonalidad puede presentarse como una de las capas que hemos creado. Estas se reparten en el tiempo. No solamente ocupan cierto espacio sino que también se despliegan en el tiempo. Vemos estas capas en retrospectiva, mirando atrás en el tiempo.

Las capas, o sea subpersonalidades, se van añadiendo a medida que surgen necesidades de abordar algo nuevo, antes desconocido.

Así la subpersonalidad de niño es la más temprana. Le siguen la subpersonalidad del adolescente o hijo, la del alumno de un colegio, el nieto, hermano, amigo de, miembro de un equipo deportivo o de cualquier otro colectivo con su propia particularidad, etc.

Es cierto que muchas de estas subpersonalidades, estas capas, tienen rasgos comunes. Pero también tienen rasgos propios: no me comporto igual en mi equipo deportivo que con mis amigos o en colegio, con mis abuelos o con mis padres.

Estas diferencias están presentes y verlas, darnos cuenta de su existencia nos puede ayudar a comprendernos mejor así como adaptarnos mejor a la vida en la sociedad.

Cuando descubrimos estas capas casi de golpe aumentamos nuestra complejidad. Para ser más exacto nos damos cuenta de la complejidad ya existente. Si vemos estas capas podemos eliminar o modificar algunas de ellas.

Si eliminamos alguna de las capas nos puede parecer que disminuimos esa complejidad pero no es así. Porque también añadimos nuevos contenidos, nueva visión, nuevos elementos y hasta nuevas capas.

La personalidad compleja: diferenciación + integración = flujo

Volviendo al tema que nos ocupa, podemos decir que la complejidad se alcanza mediante la diferenciación y la integración.

La diferenciación supone la separación de los demás, originalidad. Y la integración es lo opuesto: la unión con otras personas, incluir rasgos comunes, compartir ideas y entidades más allá de las subpersonalidades que tenemos creadas.

La coexistencia de estas dos tendencias, la diferenciación y la integración, asegura la complejidad de nuestra consciencia, de sus contenidos. Todas las subpersonalidades existen en el espacio de nuestra consciencia como unas imágenes fijas, que cambian en circunstancias muy especiales.

La diferenciación de las subpersonalidades a través de las experiencias de superación aumenta. Cada vez que superamos algo actualizamos o creamos nuevas habilidades, nos sentimos más capaces, más expertos.

Y ese aumento se produce de una manera espectacular y muy visible durante y después de las experiencias de flujo. Las propiedades de la experiencia de fluir comenté en el post “Qué es la disciplina”.

Voy a enumerar brevemente las características del fluir, este surge cuando

  • lo que hacemos presenta metas claras
  • existe una retroalimentación franca e inmediata
  • hay una sensación de control “suelto”
  • retos están a la altura de nuestras habilidades
  • existen pocas distracciones
  • etc.

La diferenciación que lleva a una mayor complejidad puede dar la impresión de crear dificultad y confusión. Puede resultar así si nos quedamos en la diferenciación sin más. Sin embargo si introducimos la integración logramos unir múltiples piezas separadas creando un conjunto armonioso.

Es como un mecanismo complejo que tiene muchas piezas cada una con una función muy concreta. Pero el mecanismo no sería tal si no existiera una integración de estas partes en un conjunto que convierte gran número de partes en el mecanismo propiamente dicho.

Un motor cualquiera es un buen ejemplo de ello. Pero a diferencia de un mecanismo que queda inutilizado si quitamos una sola pieza nuestra consciencia tiene una flexibilidad asombrosa y con quitar una parte no desestructuramos el conjunto.

Y si logramos fluir con el mundo y los acontecimientos creamos la integración de todos los contenidos existentes. La experiencia de fluir es una experiencia totalizadora, abarca la totalidad del ser humano, aporta concentración, orden a la vez que conecta con la libertad de creación.

Todo el alma con sus pensamientos, sentimientos, su capacidad de sentir, ver y crear se enfoca en la misma meta. La armonía se instala y envuelve al que vive la experiencia de flujo.

Una vez terminada esta vivencia, uno se siente mucho más íntegro que antes de ella, se siente armonizado, estable, abierto, con la vivencia de ser uno con todo: con el medio y con las personas.

Es importante que estas dos tendencias confluyan en una misma persona, en un mismo alma. Si la diferenciación predomina o gobierna en solitario la persona puede alcanzar grandes éxitos y al mismo tiempo corre el riesgo de caer en la trampa del egoísmo.

Si la integración es la que está dominando uno puede sentirse muy conectado y seguro pero carecerá de una individualidad autónoma. Eso se observa mucho en las culturas tradicionalistas en las que el colectivo, el grupo, está por encima del individuo. En estas sociedades es frecuente ver personas muy cohesionadas con el grupo pero carentes de su propia individualidad. Esto ya se convierte en el conformismo.

Y tan solo en casos cuando uno invierte su atención más o menos a partes iguales en ambas tendencias, individuación e integración, es posible llegar a la complejidad que multiplica las potencialidades de uno.

La personalidad compleja en las culturas

Como hemos visto podemos alcanzar una mayor complejidad, una complejidad edificante cuando, sobre todo, experimentamos las vivencias de flujo. Fluyendo actuamos con libertad, nos movemos por lo que se llama la motivación intrínseca, nos interesa más el proceso que el resultado que podemos obtener.

Eso es lo que se cultiva en kyudo, el tiro con arco japonés: la diana no importa, y cuanto más se desprende uno de las intenciones de dar en el blanco tanto más fácil consigue dar en él.

La enseñanza del kyudo forja una personalidad compleja, una personalidad que es capaz de unir la individuación con la integración. Podemos decir que rompe los moldes de nuestra percepción de cómo han de ser las cosas.

Sin miedo a equivocarme puedo afirmar que kyudo ofrece toda una cultura del alma dentro de una cultura más amplia, la del zen y tradición shinto de Japón.

Sorprendentemente, algunos de los gurus empresariales tratan de aplicar esa visión al mundo extremadamente competitivo de las empresas, mundo en el que la motivación extrínseca, conseguir el resultado, es una obsesión permanente.

Sin embargo la motivación intrínseca no impide plantear metas, al revés, ayuda a establecerlas y alcanzarlas con fluidez, con facilidad, eliminando por completo el trabajo duro y con todo eso el cuerpo y el alma pueden trabajar con mucha intensidad pero para nada es un trabajo duro.

De esta manera aprendemos a ser más de lo que somos, más de lo que nos parece que somos porque en realidad siempre somos mucho más de lo que nos parece.

Y lo curioso es que una vez experimentada esa vivencia, sobre todo cuando uno es consciente de ello al menos a posteriori, tendemos a repetirla, buscamos las maneras de volver a revivir esa vivencia paradójica: individuación e integración vividas simultáneamente.

Que duda cabe que la vivencia de flujo transcurre en el momento presente. El tiempo parece que se detiene, uno está instalado con firmeza en el aquí y ahora.

Todo esto que comenté sobre la personalidad compleja, sobre su capacidad de individuación e integración, en mi humilde opinión, conecta de lleno con una de las vías principales de yoga: Karma Yoga. Estas son unas de las claves para la práctica de ese yoga mayor.

Al igual que el kyudo, Karma Yoga plantea una cultura del alma muy específica: actuar en el aquí y ahora, servir a los demás, crecer para ser una persona mejor, no aislarse ni huir de la sociedad, sino al revés: crecer y ser mejor gracias a esta inmersión consciente en la vida social sea como sea la realidad social que nos toca vivir.

Lo cual asegura la construcción de una personalidad compleja, muy al estilo que proponía Fernando Savater: “tener gustos sencillos y una mente compleja”, pero yo diría tener gustos sencillos y una personalidad compleja.

Construir la personalidad compleja – método

Ahora nos hemos acercado a la parte del método, o sea el camino que nos lleva a construir la personalidad compleja. Hemos aprovechado la contemplación (contemplación en griego es teoría) para ver, descubrir, el camino (métodos en griego) que nos lleva a esta personalidad compleja y las experiencias de flujo.

Entonces ¿cómo podemos construir esa personalidad compleja? Para ello podemos dar los siguientes pasos (a título didáctico meramente, no son los únicos pasos a dar):

  1. Comprender y tener claro qué es la personalidad y sus capas
  2. Conocer más de cerca las capas más importantes en el momento presente
  3. Integrar las capas creando un conjunto de ellas: no son piezas separadas sino un conjunto armonioso que nos lleva a niveles mayores de la complejidad
  4. Comprender nuestro entorno y trabajar la integración en él mediante su aceptación
  5. Crear condiciones necesarias para aumentar las frecuencia de las experiencias de fluir

Este es el camino, descrito muy a grosso modo, muy por encima, que nos puede llevar a ser más felices, realizados, viviendo la vida con plenitud.

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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