Yoga para la mente

By Victor Chertkov | Yoga

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#YogaParaLaMente va a la par con #TuCuerpo

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Yoga para la mente… suena muy bien… a ver qué es esto…

“In the province of the mind, what one believes to be true, either is true or becomes true within certain limits. These limits are to be found experientially and experimentally. When the limits are determined, it is found that they are further beliefs to be transcended. In the province of the mind, there are no limits. The body imposes definite limits.”
John C. Lilly, The Deep Self: Consciousness Exploration in the Isolation Tank

En este post quiero comentar el tema de los beneficios de la práctica de hatha yoga para la mente. Intencionadamente omitiré el tema de la mente en sí por ser excesivamente complejo y demasiado grande para un post.

Utilicé la frase de John Cunningham Lilly sobre la mente, sus límites. Conocí esta frase cuando investigaba “experiencial y experimentalmente”, como dice Lilly, en los tanques de flotación y empapándome de lo que escribió este hombre extraordinario.

En la provincia de la mente, lo que uno cree que es verdad, o es verdad o se convierte en ella dentro de ciertos límites. Estos límites se encuentran experiencial y experimentalmente. Cuando se determinan los límites, se descubre que son creencias adicionales para ser trascendidos. En la provincia de la mente no hay límites. El cuerpo impone límites definidos.

En la provincia de la mente no hay límites… El cuerpo impone límites definidos… Es una verdad comprobable mediante la experiencia directa tanto en los tanques de flotación, como durante la práctica de hatha yoga.

Curiosamente esta limitación que descubrimos es la que nos permite llegar a la provincia de la mente procedentes del continente llamado Cuerpo. Personalmente invertiría las magnitudes: la mente es todo un continente y el cuerpo es tan sólo una provincia, si bien muy extensa.

Dicho todo esto, vamos a partir del hecho de que todo el mundo tiene lo que llamamos la mente. Esa parte del ser humano puede incluir o tener relación con tales fenómenos como

  • pensamientos
  • razonamiento
  • reflexión
  • memoria
  • imaginación etc.

Algunos maestros de Hatha yoga afirman que la práctica de los asanas (posturas corporales) y pranayama (ejercicios respiratorios) nos llevan a estados de centramiento mental, nos volvemos más concentrados, enfocamos con mayor facilidad nuestra atención.

Personalmente, cuando imparto mis clases particulares de yoga, construyo la sesión de tal manera que esto sea posible: uno pueda meditar un poco al final de la clase.

Descubre clases particulares de yoga

En general cuando trabajamos las prácticas de Hatha yoga tratando de ser conscientes de lo que estamos haciendo, en primer lugar entrenamos y desarrollamos nuestra capacidad de concentrarse, de estar con nuestro centro. Y sólo en segundo lugar hacemos algo con nuestro cuerpo.

Porque la secuencia es esta: mente – cuerpo. Luego, el cuerpo se manifiesta en forma de las sensaciones y esto lo recogemos a través de la mente y así creamos un círculo vivencial que a veces se percibe como algo sin frontera: cuerpo y mente se funden.

Eso se debe también a la costumbre de considerarnos únicamente como el cuerpo. Nos percibimos como cuerpo y nos identificamos con él: yo soy mi cuerpo, mi cuerpo soy yo.

Por eso, cuando tenemos alguna lesión corporal importante, podemos sentirnos menos válidos, minusválidos.

No me gusta nada este eufemismo porque refleja una visión muy amañada de la vida, muy reduccionista. Todos valemos mucho más de lo que nos puede parecer sea cual sea nuestra condición física o, incluso, psíquica.

Volviendo al tema de la mente en hatha yoga.

Yoga para la mente – cómo se trabaja la mente en hatha yoga

Como comenté un poco más arriba, por el simple hecho de tratar de enfocar nuestra atención y darnos cuenta de nuestras sensaciones ya trabajamos, mejoramos, disciplinamos nuestra mente.

Disciplinar no es “obligar” a hacer algo para obtener cierta recompensa si lo cumples o un castigo si no lo cumples.

Disciplinar es de discere en latín y significa aprender, no es ser buen chico o buena chica, cumplidor de unas normas ajenas para satisfacer a los demás, como con frecuencia nos proponen que hagamos.

Por eso nuestra mente aprende (puede hacerlo) y aprendemos a usar nuestra mente de una manera más ordenada y constructiva.

Existe todo un arsenal de técnicas en hatha yoga que están englobadas dentro de las técnicas de meditación. Para poder usarlas es necesario crear condiciones especiales para ello y, a continuación, pasar al uso de la técnica en sí.

Los que codificaron hatha yoga en los textos clásicos plasmaron el resultado de la búsqueda así como los hallazgos en este campo.

Resulta que nuestra mente es educable, podemos entrenarla. No es como un músculo, ojo, es un instrumento complejo y complicado. Un músculo está destinado a contraerse y relajarse, nada más. Una cosa muy funcional y muy tonta.

La mente ni se contrae ni se relaja porque no posee estas cualidades. La mente puede aumentar su complejidad y a veces lo hace exponencialmente.

Y para aprender a usar nuestra mente y aprovechar su potencial es necesario descubrir su funcionamiento interno.

Existen dos maneras de aprender a usar la mente: desde la mente en sí y desde el cuerpo como una “plataforma” de partida.

Yoga para la mente – empezar desde la mente en sí

Podemos pasar a la práctica de técnicas meditativas directamente, tal como se hace en el budismo zen.

Es una manera un tanto complicada entre otras cosas porque nos pone ante el desorden interno que descubrimos cada vez que dirigimos nuestra atención hacia dentro.

¿Qué es lo que descubrimos nada más empezar?

Nuestros pensamientos que pululan sin cesar y nuestra atención, mejor dicho su carácter volátil: con asombro descubrimos que nuestra atención da unos saltos incontrolados de un estímulo al otro y no podemos retenerla, sujetarla.

Eso no lo es todo. Existen más cosas. Pero al dar los primeros pasos es lo que encontramos “dentro” de nuestra mente.

Mucha gente queda muy sorprendida por esa naturaleza escurridiza de nuestros pensamientos y de nuestra atención. Hasta tal punto que pueden sentirse incluso frustrados al ver que no encuentran la manera de controlarlos.

La idea de controlar la mente es absolutamente perversa y confunde mucho al principiante. La mente no se domina por el control. La mente se domina por la permisividad. Comprender este hecho lleva bastante tiempo.

¿Qué es lo que tenemos que permitir?

Tenemos que permitir que la mente se manifieste y hemos de conocer cómo son estas manifestaciones. También hemos de permitir que los pensamientos se expresen.

Con frecuencia podemos oír la propuesta de “dejar la mente en blanco”. Es una propuesta tan absurda como contraproducente.

Cuando hablan de ese “blanqueo” de la mente se refieren a la eliminación de los pensamientos. Y es un error.

Mientras vivamos en la sociedad, mientras estemos involucrados en la vida social, no habrá manera fiable de “dejar la mente en blanco”, libre de pensamientos.

Si bien es cierto que de vez en cuando, de una manera espontánea, nos colocamos en este estado cuando nos toca contestar en un examen o hablar en público: podemos quedarnos “en blanco”.

Podemos experimentar este estado “virgen” de vacío mental. Por cierto, este vacío mental forzado no proporciona ningún placer ni satisfacción, todo lo contrario: nos gustaría abandonarlo cuanto antes y… no somos capaces de hacerlo.

También pueden conducir a este estado de la “mente en blanco” el cansancio físico extremo o estados febriles. En ambos casos el “parón” mental no se vive como algo “bueno” o agradable, se vive más bien como una anomalía de funcionamiento interno, detectamos que algo no va bien del todo, que algo raro está pasando y nos gustaría volver a la normalidad.

O sea, cuando quiero “dejar la mente en blanco” meditando no logro hacerlo por mucho que esté meditando y cuando en un examen no necesito tener la mente en blanco se me “blanquea” y, encima, no puedo hacer nada con ello. Menudo “desastre”.

No es ningún desastre, tan sólo son las muestras de la realidad de funcionamiento interno de nuestra mente.

No obstante, como dije un poco antes, podemos empezar a trabajar y a educar a nuestra mente desde este enfoque: directamente con las técnicas de meditación.

Para mi, y teniendo en cuenta la realidad de la vida occidental, existe otra manera, más apropiada. Y esta manera es empezar desde el cuerpo.

 Yoga para la mente – empezar desde el cuerpo

Si has llegado a este punto te puede surgir la pregunta ¿Oye, cómo puedes trabajar la mente desde el cuerpo? ¿Acaso el cuerpo influye en la mente?

Antes de contestar a estas preguntas creo que es importante recalcar un hecho fundamental: no somos el cuerpo.

Sí, desde el punto de vista de materialismo reduccionista (que considera que no existe nada más que la materia) somos cuerpos. Tan sólo cuerpos.

En el caso de seres humanos, según las ciencias naturales, somos cuerpos muy peculiares: poseemos consciencia. Cómo nuestros cuerpos se hicieron con este tesoro no hay ninguna explicación sostenible. Tan sólo declaraciones.

Ahora bien, durante la práctica de asanas, durante esta práctica consciente y sentida, uno puede empezar a observar su cuerpo en múltiples situaciones, ver sus numerosas manifestaciones.

Esta observación es la que nos lleva a considerar que no somos el cuerpo. Empiezo a ver que yo, como yo (olvídate del ego, es otro de los inventos insostenibles), no soy ese cuerpo que tengo, que puedo ver que existe cierta línea divisoria entre mi y mi cuerpo.

No se trata de imaginarlo o visualizarlo, no. Se trata de verlo en directo. Esto se ve y se siente. Y este descubrimiento es asombroso.

Y justo ahora es cuando ha llegado el momento de contestar a las preguntas que planteé al principio de este apartado.

Podemos alcanzar el reino de la mente desde el cuerpo, mejor dicho gracias a la desidentificación de mi cuerpo. Yo no soy mi cuerpo, yo puedo observar mi cuerpo desde cierta distancia psíquica.

Y sí, puedo influir en mi mente cambiando el estado de mi cuerpo. Cuanto más tranquilo y relajado esté el cuerpo, tanto más tranquila y lúcida estará la mente. Por lo menos esa es la tendencia.

Luego la práctica nos enseña la verdadera complejidad de este tema que por ahora vamos a omitir.

Vuelvo otra vez al planteamiento que hice un poco antes: podemos empezar a trabajar nuestra mente desde el cuerpo.

La sesión de una clase particular de yoga se diseña de tal manera que uno llega progresivamente al estado en el cual puede empezar a observar su mundo interno, su cuerpo, incluso las manifestaciones de su mente.

Así el trabajo corporal de respiración y asanas nos prepara para trabajar nuestra mente desde las técnicas de meditación.

Yoga para la mente – las técnicas de meditación

A lo largo de la historia múltiples generaciones de yoguis crearon numerosas técnicas de meditación. Estas técnicas son el resultado de una larga práctica de muchos que nos dejaron como el legado un arsenal de técnicas probadas, que pasaron el examen del tiempo.

Pese a la multitud de estas técnicas no recomiendo afanarse en descubrirlas todas o probar muchas. No es necesario ni tampoco aporta ningún beneficio especial.

Con usar dos o tres es suficiente. Incluso, con el tiempo, recomiendo elegir una de ellas y practicarla con asiduidad. Te aseguro que necesitarás muchos años para dominarla del todo y toda una vida para ir perfeccionándola.

Mientras tanto sin prisa ni ansiedad por avanzar, camina por el sendero de la meditación recogiendo los frutos (es decir disfrutando) de esta práctica:

  • estarás más centrado
  • te costará menos coger el ritmo de trabajo
  • eliminarás la agitación innecesaria
  • tendrás mayor claridad de visión de las cosas
  • conocerás más y mejor a ti mismo
  • descubrirás el funcionamiento interno de tu mente
  • estarás más en condiciones de ser el dueño de ti mismo
  • y mucho más

Hemos de tener en cuenta que meditar no equivale a relajar. Es una creencia falsa muy extendida: se medita para relajar el cuerpo o incluso la mente (la mente no posee tal cualidad: no se relaja ni tampoco se tensa). Según la postura adoptada puede surgir cierto grado de relajación.

Sin embargo la meditación en ningún momento se hace para relajarse. Es necesario asegurar cierta distensión muscular para poder aguantar tiempo prolongado (cuando uno tiene bastante experiencia) de una postura sentada. Pero también es imprescindible mantener una tensión muscular necesaria para sostener la postura.

Ahora bien, con cierta práctica podemos alcanzar la serenidad, tranquilidad interna, sosiego, calma, eso sí. Aunque a veces podemos acabar muy alterados como consecuencia de la activación de cierto material mental no resuelto. Eso forma parte de la práctica. No es un camino de rosas. Es un camino de autodescubrimiento y esto último supone que descubrirás todo: lo “bueno” y lo “malo”.

Hace algún tiempo atrás grabé unas técnicas de meditación. Las puedes usar (descargar gratis también) accediendo a ellas desde este botón:

meditaciones guiadas gratis

En la página a la que te lleve el botón que tienes encima de esta, línea encontrarás tres técnicas guiadas:

  • Anapanasati – una técnica sencilla del arsenal budista
  • Kaya Sthairiam – el cuerpo estable, una técnica muy buena como práctica preliminar antes de meditar o como un trabajo sólido y consistente de meditación en sí
  • Shavasana – que es, en principio, una postura de relajación pero que tiene su tecnología que la convierte en un trabajo meditativo en sí

Estas tres técnicas son muy asequibles para cualquier persona si bien es necesario algún tiempo de rodaje para coger la marcha.

Yoga para la mente – meditar sin parar

Como comenté en este, este y este post, podemos llevar la meditación a la vida diaria. Es lo que se recomienda, de hecho, y yo también me sumo a esta recomendación.

Por otra parte, cada clase particular de hatha yoga que doy, trato de convertirla en un proceso meditativo: llevo la atención del alumno a los puntos importantes lo cual aumenta el efecto de las prácticas físicas.

Algunas veces me dicen “Pero esto mismo ocurre cuando uno está haciendo ejercicios en el gimnasio o sale a correr…”

Es cierto hasta cierto punto, valga la redundancia. Para que esto sea así es necesario construir nuestro ejercicio físico siguiendo ciertas nomas y reglas. Es lo que hago en mis clases particulares y, gracias a ello, convierto la clase en sí en una sesión de meditación.

De esta afirmación puedes deducir que, en potencia, cualquier actividad es susceptible de ser convertida en la meditación y estarás en lo cierto.

Por eso trabajando el cuerpo directamente trabajamos la mente, sin rodeos, sin preparativos, casi sin darnos cuenta, sin reservar el tiempo especial. Una hora de práctica meditativa + un hora de trabajo corporal y respiratorio, dos en uno, como dicen los “creativos” de la publicidad 😉 .

Nada más, querido amigo! Que vivas feliz, en amor y con amor. Hasta pronto! Namasté!

¿Aún no practicas el yoga? Creo que es el momento de empezar. Saldrás ganando.

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(2) comments

Elvira 11 months ago

Victor!!

Enhorabuena por este post.

Me ha encantado,no podía parar de leer hasta el final.
Me parece una forma magistral de explicar cómo se puede “trabajar” la mente 😀

Un abrazo
Elvira

Reply
    Victor Chertkov 11 months ago

    Muchas gracias, Elvira, por tu comentario! Me alegro de que te sirve este post.

    Un gran abrazo!

    Reply
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