Detectando nuestros deseos

By Victor Chertkov | Alma

Detectando tus deseos en almayogavida.com

Te saludo desde el almayogavida.com

Detectando nuestros deseos… ¿Qué deseas, querido lector? Seguramente que tienes un montón de deseos o por lo menos algún deseo sí que tienes.Uno de mis deseos, por ejemplo, es hacer que éste blog sea interesante y útil para mis lectores y también útil para mi, que sea un instrumento en mi trabajo. Estoy haciendo tan solo los primeros pasos en esa dirección.

De momento tengo pocas visitas y sin embargo el deseo ahí está. Es lo que me mueve y me mantiene en ese camino. No es el único deseo que tengo, la verdad es que tengo una gran multitud de deseos: algunos pasajeros, otros duraderos como crear y mantener almayogavida.com

El festival de los deseos

Como dije al principio, si nos detenemos a pensar un poco, veremos que tenemos una gran multitud de deseos. Parecen a los globos aerostáticos de la foto: de colores, vistosos, llamativos, todos en marcha, cada uno en una trayectoria ascendente y, lo que es más importante, cada uno siguiendo su trayectoria. Ese festival de los globos aerostáticos de nuestros deseos.

Toda esa multitud se mueve pero en direcciones diferentes, cada uno de los deseos sigue su camino, su trayectoria y eso a veces produce la sensación de caos interno si nos damos cuenta del múltiple empuje que sentimos por dentro.

Eso no pasa siempre, en alguna ocasión estamos literalmente poseídos por un único deseo que absorbe nuestra atención por completo. La publicidad está muy especializada en despertar los deseos y en convertirlos en necesidades.

No confundamos los deseos con las necesidades: los primeros pueden aplazarse indefinidamente sin grandes problemas ni peligros y los segundos si son aplazados pueden llevarnos a unas consecuencias un tanto desagradables o incluso fatales si son necesidades básicas.

Los deseos como el impulso

Los deseos nos dan un impulso, nos empujan en alguna dirección, estimulan nuestra acción pero también crean a veces demasiada agitación dentro si son muchos y  se nos presentan al mismo tiempo.

Si hacemos algo es porque queremos hacerlo, por que lo elegimos, aunque parezca que no es así. Podemos argumentar que las circunstancias “nos obligan” a hacer tal o cual cosa. ¿Qué opinas? ¿De verdad las circunstancias nos pueden obligar?

Detectando nuestros deseos: el método popular

Está claro que los deseos están casi siempre presentes en nuestra existencia. El dicho popular que reza “primero la obligación y luego la devoción” refleja lo que el pueblo elaboró como un método (un camino) para controlar ese desmadre de los deseos.

Es decir, nos ofrecen aparcar los deseos y ocuparnos primero de aquello que es “obligatorio” pero que, tal vez, no deseamos hacer. Se trata del trabajo o de nuestro deber impuesto desde fuera o autoimpuesto por nosotros mismos. Primero hace falta trabajar, trabajar para asegurar el sustento, la supervivencia y luego, si quedan fuerzas y tiempo, ocuparnos de nuestros deseos.

Me da la impresión de que ese método popular, ese camino a seguir, es algo relativamente reciente, cuando el trabajo se convirtió definitivamente en una obligación. Antes era una necesidad mínima, más tarde se convirtió (lo convirtieron) en una obligación pesada.

Y si hablamos del deber, eso debe ser tan antiguo como la sociedad humana. No concebimos la sociedad sin el deber.

Sin embargo es muy importante detectar conscientemente nuestros deseos. Nos puede dar la impresión de que nuestros deseos es algo evidente, que saltan a la vista… Pero no siempre es así. Gran cantidad de deseos se quedan detrás de un velo tupido de circunstancias, obligaciones, deberes, deseos ajenos y los nuestros, los nos deberían importar quedan en tercer o cuarto plano.

No es fácil detectar nuestros deseos, no es fácil separar los deseos ajenos de los nuestros debido a que estamos tan acostumbrados a cumplir los deseos ajenos que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Todas las normas de socialización y urbanidad son una manifestación de deseos ajenos. Y cuando, por fin, hago conscientes mis propios deseos, descubro que para cumplirlos tengo que abandonar muchas costumbres adquiridas, hacer algo “extraño” a los ojos de los demás, dar pasos que no no tienen “lógica”.

Solamente detectando nuestros deseos, haciéndolo conscientemente, podemos llegar a vivir la vida que de verdad queremos vivir.

Los deseos: el cuerpo y el alma

Yendo al terreno del alma, como no, los masiki decían que el alma queda pegado dentro del cuerpo por la fuerza del deseo.  Es el pegamento que lo mantiene sujeto dentro del cuerpo.

La mayoría de los deseos son del alma. Aquello que llamamos egoísmo también es cosa del alma. No podemos evitar de tener los deseos y algo tenemos que hacer con ellos. Tenemos que esforzarnos por controlar los impulsos de los deseos, a no dejarnos llevar por ellos lo cual no significa que hemos de eliminar los deseos.

Existen también los deseos del cuerpo. El sexo, por ejemplo, puede tener esa doble vertiente que se confunde: los deseos del alma y del cuerpo. Otras veces solo es el cuerpo el que manifiesta el deseo del sexo y, una vez quedan satisfechos los deseos corporales, una vez se haya saciado ese mono que es nuestro cuerpo, el alma por fin puede dedicarse a lo que le interesa de verdad sin las interferencias por parte del cuerpo.

El tema de las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer es muy grande y no lo voy a tratar en este post.

La práctica regular de Hatha Yoga por ejemplo puede producir esa suspensión temporal (unas pocas horas) de los deseos. Inmediatamente después de la práctica podemos experimentar esa ausencia aparente de los deseos, simplemente no se manifiestan durante algún tiempo y luego vuelven a resurgir, como es natural.

Algunas tradiciones espirituales insisten en un control férreo de los deseos a través de la ascesis y a veces eso es malinterpretado. Por lo visto no podemos liberarnos de los deseos pero sí podemos aprender a no depender tanto de ellos.

Podemos aprender a convivir pacíficamente con ellos, sin rechazarlos, pero tampoco dejándonos llevar por ellos. Cuestión de práctica y de cultivo de la consciencia, consciencia en el sentido de darnos cuenta.

Aprovechar el empuje para llegar a la fuerza

Considero que es muy útil aprovechar el empuje de los deseos, hacer ese empuje consciente, darnos cuenta de su existencia y de su fuerza.

Ese empuje es la fuerza. La fuerza que tenemos para hacer lo que sea. Basta con conectar con ella y el cuerpo obedece sin rechistar y hace y hace como el famoso conejito de la publicidad de unas pilas. Y en cuanto el deseo se apaga o se ve truncado ese mismo cuerpo se queda sin fuerzas, incapaz de hacer cosas elementales.

Darnos cuenta de eso es muy importante, por ahí se encuentra una de las entradas a la fuente de la fuerza ilimitada. Si sabemos llegar a esa puerta podemos gozar de la fuerza sin límites.

¿Qué podemos hacer con nuestros deseos? Varias cosas y esa es la famosa teoría – la contemplación de aquello que nos interesa:

  • detectar los deseos e identificarlos, eso es fácil
  • hacerlos conscientes, formular con claridad nuestro deseo, un poquito más difícil
  • ver que relación tienen con nuestra supervivencia, a veces no tiene ninguna otras veces sí la tiene
  • recordar que nuestra libertad empieza donde se acaba la libertad de los demás, por eso ver hasta que punto ese deseo puede poner en peligro la convivencia con los demás
  • ver el camino que nos lleva a conseguir lo deseado, dibujarlo con claridad eso requiere trabajo pero es importante
  • seguir ese camino

Los últimos dos puntos nos llevan a un posible método, una vía, un camino que deriva de la teoría, o sea, de la contemplación.

Y recordar sobre todo que nosotros no somos los deseos, es decir hemos de intentar de no identificarnos con ellos. Y sin embargo es importante aprender a aprovechar el empuje de los deseos para descubrir el acceso a la fuente de la fuerza.

Como aprovechamos el empuje del viento que llena las velas de un barco y lo lleva a través de los océanos y los mares. Al igual que un navegante experimentado sabe aprovechar los vientos, sabe cuando puede izar las velas y cuando debe plegarlas, nosotros deberíamos aprender a manejar el barco de nuestra vida, o mejor dicho de nuestro alma.

Y si seguimos con esa metáfora del velero, a veces los deseos se apagan, como el viento que se calma nada empuja el barco. En este caso, antes, remaban con voluntad y fuerza disponibles, a pulso como suelen decir.

Esa fuerza es del espíritu, con su fuerza podemos seguir navegando aún cuando el viento del deseo se ha calmado del todo. Pero es otra historia, escribiré un post aparte sobre éste tema.

Si de verdad deseamos algo, lo haremos, superaremos todos  los obstáculos, incluso sacrificaremos nuestra vida, si hace falta, en ese intento de conseguir lo deseado.  Evidentemente no hace falta llegar a esos extremos.

Contemplad los deseos que tenéis, hacedlos conscientes, aprovechad el viento de los deseos que llenan las velas del alma. Pero tratad de no depender de ellos, cultivad la fuerza del espíritu.

Unas bellas imágenes de grandes veleros que son movidos por la fuerza del viento y la habilidad de los marineros de aprovechar esta fuerza existente. Lo mismo podríamos hacer con los deseos.

 

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(3) comments

[…] empieza con cierta intención, deseo o necesidad. Podríamos decir que eso es el verdadero movimiento. El cuerpo no tiene movimiento, […]

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[…] de que lo que llamamos el egoísmo es una manifestación directa de una de las facetas del alma: el deseo. Y más que una faceta, es aquello que mantiene el alma fuertemente anclado en el cuerpo físico, […]

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[…] Esos intentos de no vivir en el presente están relacionados con nuestros deseos. Sobre ellos escribí en el post Detectando nuestros deseos. […]

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