El arte de la relajación

By Victor Chertkov | Yoga

El arte de la relajación almayogavida.com

La #relajación es todo un #arte, un arte para #vivirMejor en el #aquíyahora.

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Hola amigos de almayogavida.com, ésta semana publiqué un artículo en yogaterapia.es, página de los Centros de Yoga y Yogaterapia de Pilar Inigo en Zaragoza, España.

Reproduzco íntegramente el artículo (con algunos apuntes adicionales), porque considero de interés éste tema: la relajación. Un tema ciertamente muy amplio y que trataré más de una vez en éste blog.

Hablé de las técnicas en un post (La técnica – todo un arte) y muchas veces lo que vemos por ahí son unos intentos de transmitir la técnica como un procedimiento mecánico.

Como podemos ver en el post al que me refiero, se trata más bien de un arte.

Con ésta entrada quiero hacer una introducción al tema de la relajación como un arte.

Empezamos…

Todos usamos en nuestro lenguaje la palabra relajación. Da la impresión de que comprendemos perfectamente de qué estamos hablando.

Y sin embargo, muchas veces, si empezamos a indagar, vemos que cuando decimos relajación nos referimos a otras cosas y no a la relajación en sí. Vamos a ver.

Qué es la relajación

Podríamos decir que es la ausencia de tensión muscular. En algún lugar incluso vi que la relajación se define como un estado de consciencia que se busca voluntariamente para percibir los niveles más altos de no sé qué.

Una bonita historia, sin duda alguna, pero muy lejana de la realidad.

Ciertamente la relajación es un estado. Pero no creo que sea un estado de consciencia. Un estado de cuerpo físico, sí, esto está más cerca de lo que ocurre.

¿Puede estar la mente relajada? Antes deberíamos estar seguros de si existe la tensión mental. No se puede relajar aquello que no está tenso.

Ahora no es el momento de hablar sobre si existe o no la tensión mental o emocional.

Primero hemos  de comprender y aclarar qué es la mente y qué son las emociones y después ver si esto puede o no estar relajado o tenso.

Otra cosa es que el cuerpo físico, la mente y las emociones están íntimamente interrelacionados y se influyen mutuamente: cada uno de esos aspectos de nuestro ser influye en los demás.

Es un tema muy amplio y de momento me limitaré a hablar de nuestro querido cuerpo.

Generalmente asociamos la relajación a una distensión,- la ausencia de tensión,-  muscular. Es decir, los músculos pierden (se liberan de) una parte o de toda la tensión.

Bueno, para ser exactos, la relajación absoluta no es posible ni a nivel muscular, porque incluso el músculo más relajado se mantiene tónico (del griego τ ονoç – tonos – tensión) – tiene una tensión mínima. Esa es la facultad de la musculatura en un cuerpo vivo – siempre con algo de tensión.

Si observamos con atención, podemos descubrir con relativa facilidad que la relajación es algo propio de nuestra naturaleza. Por decir así, salimos de “fábrica” con la relajación incluida. Y para ser más exactos, tenemos esa distensión, más que la relajación, natural de nacimiento.

Lo vemos perfectamente en los niños de corta edad: identificamos muchos de sus movimientos y posturas corporales como relajados. Aunque los primeros meses de vida de un bebé se caracterizan más bien por una tensión muscular considerable.

Esta tensión se debe al deseo de dominar el cuerpo, es el deseo el que desplaza al cuerpo y lo vemos con claridad cuando observamos a un bebé que intenta ponerse de pie, gatea o trata de dar los primeros pasos.

Algunas veces oímos las afirmaciones del tipo “es que yo no sé relajarme”. Si así fuera, no estaríamos hablando con esa persona: lo cadáveres no hablan.

Es una clarísima imprecisión, fruto de la ignorancia, – lo que no sabe es cómo soltar la tensión conscientemente. Eso es lo que le pasa. Veremos éste tema más adelante.

Los niños que están en la fase de aprender a andar, incluso cuando se caen lo hacen relajadamente. Lo cual no nos pasa a los adultos: cada caída es un tortazo de cuidado. Consecuencia directa, entre otras cosas, de no saber (haber olvidado) cómo se cae relajadamente.

Una pequeña muestra de cómo se cae en aikido. Fácil, fluido, seguro.

Como dije, la relajación forma parte de nuestra naturaleza. En principio no podemos aprender a relajarnos porque ya lo sabemos. Lo que hay que aprender en realidad es a soltar la tensión. Aunque nos parezca que es lo mismo, no lo es. Si lo primero lo tenemos dado, lo segundo se aprende.

Vamos a ver el por qué. La relajación es algo propio de nuestra naturaleza. Y la tensión, – hablamos de los movimientos voluntarios, de nuestra acción en estado de vigilia,- es “producto” de nuestra voluntad, intención, deseos. Solemos decir de nuestra mente. Lo cual es muy poco preciso pero podemos dejarlo así.

Para relajar el cuerpo hemos de intentar que las cosas ocurran, surjan. No puedo relajar mi cuerpo como resultado de una acción directa, como cuando levanto un brazo o muevo la cabeza. Y sin embargo tenemos esa impresión errónea: fruto de no comprender lo que ocurre en realidad.

Es como cuando plantamos una semilla. También podemos tener la impresión de que somos los artífices del crecimiento en sí de la planta. Eso no es cierto. Al plantar la semilla tan solo procuramos crear las condiciones necesarias para que la semilla brote y la planta crezca. Nada más.

La planta crece por otras razones, ajenas a nuestra acción. A veces nos esforzamos mucho en crear las condiciones necesarias y, a pesar de todo, la planta no prospera, muere.

La fuerza vital es la responsable del crecimiento de las plantas y de la existencia de la vida. Nosotros tan solo podemos ayudar a que ésta se manifieste y a veces ni siquiera podemos impedir a que lo haga. También ocurre.

Lo mismo con la relajación: yo creo las condiciones necesarias y, voilá, la relajación surge. Surge porque se manifiesta la Naturaleza, la Vida.

Por eso no es lo mismo la relajación y el acto de soltar la tensión. Lo primero surge al margen de mi voluntad, como crece una planta cualquiera, y lo segundo es resultado de mi acción directa.

La relajación, la fuerza y el esfuerzo

Al decir que la relajación forma parte de nuestra naturaleza, apunto a un hecho muy importante. Formamos parte, con nuestro cuerpo físico, de la Naturaleza. Somos la Naturaleza. De hecho, somos una parte inseparable de la Naturaleza.

Por lo tanto, al decir que la relajación es algo natural, digo que es propiedad de la Naturaleza en su totalidad. Todo lo que ocurre en la Naturaleza ocurre relajadamente. Incluidos los cataclismos, terremotos, tsunamis, huracanes, etc.

Nos parecerá que no es así, que un tsunami o un huracán es un choque frontal de las fuerzas. Somos víctimas de un error de interpretación derivado de una visión sesgada de esos fenómenos.

Observad cómo fluyen los ríos y tratad de experimentar la acción de esa fuerza relajada. Observad el batir de las olas del mar: relajadamente pero con una fuerza increíble y sin esfuerzo alguno.

Observad como agrieta y al final rompe el asfalto un tiernísimo brote de una planta. Podemos matar esa planta con la uña de un dedo, aplastándola fácilmente.  Intentad agrietar y romper el asfalto con la misma uña.

De entrada vemos que esa propuesta se percibe como algo imposible: el asfalto es mucho más duro que nuestra uña. Una vez más: un error de interpretación basado en la ignorancia, una visión limitada del mundo.

Todos los fenómenos naturales se materializan relajadamente. Detectamos con claridad una enorme fuerza detrás de estas manifestaciones.  Si observamos con atención, no detectaremos ningún esfuerzo, tensión. Todo ocurre siguiendo las líneas de menor resistencia, llenando vacuidades, vacíos, antes que chocando frontalmente.

La relajación, el estado de la relajación,  es eso: llenar los vacíos escurriendo a ellos. Puede surgir la pregunta ¿qué es lo que se escurre a los vacíos? Os invito a investigar.

La relajación, el estado de la relajación, es eso: llenar los vacíos escurriendo a ellos. Puede surgir la pregunta ¿qué es lo que se escurre a los vacíos? Os invito a investigar.

Cuando estamos cansados , sin fuerzas, si logramos crear las condiciones necesarias y la relajación surge, “recuperamos” la fuerza; siendo más estrictos, recuperamos la conexión con la fuerza, accedemos a ella. “De repente” podemos contar con una fuerza “extra” sobre cuya procedencia no solemos reflexionar.

De alguna manera la relajación tiene una conexión directa con la Fuerza. Yo diría con la fuerza vital. Aquello que en Yoga llamamos Prana. Accedemos a la fuente de esta fuerza, una fuerza literalmente ilimitada e inagotable.

Si la fuerza en sí es inagotable, el esfuerzo siempre es finito y limitado. Si la fuerza mueve montañas, el esfuerzo unas pocas piedras. La fuerza es un océano insondable y el esfuerzo es un charquito que fácilmente se evapora desapareciendo muy rápido.

Y sin embargo toda nuestra vida es un esfuerzo continuo: por conseguir, llegar, evitar, proteger, crear, destruir, mantener. Y tan solo en muy contadas ocasiones conectamos con la fuerza dentro o fuera de nosotros.

Después de ver qué es la relajación (muy por encima, aún quedan cosas sorprendentes), la fuerza y el esfuerzo (temas muy profundos y no fáciles para abordarlos desde las evidencias que solemos manejar) vamos a ver para qué es, de qué nos sirve esa relajación.

 Para qué sirve la relajación

Al ser un elemento esencial de nuestra naturaleza, ejerce, principalmente, como un factor de regulación. Regula el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Nuestro corazón funciona siguiendo el ritmo de tensión/distensión durante toda nuestra vida. Los músculos de nuestro cuerpo también. Si no me equivoco, todos los sistemas u órganos funcionan siguiendo ese patrón.

En otras palabras, podemos decir que  la relajación es una condición sine qua non de la vida misma. Es absolutamente incompatible con la vida mantener una tensión total.

Si intentamos reproducirla, o tan solo creamos y mantenemos una tensión importante durante un tiempo prolongado, llegamos a un agotamiento que puede conducir a la muerte del cuerpo físico.

Si nos vamos al terreno del Yoga, una de las finalidades de la práctica de Hatha Yoga es la creación del equilibrio entre los flujos de las fuerzas llamadas Ida y Píngala.

Ida,- el flujo lunar, femenino,- responsable de la relajación, distensión, reposo, descanso, recuperación, reparación de los tejidos y estructuras dañadas. Píngala, – flujo solar, masculino, – responsable del esfuerzo, actividad, locomoción, contracción, etc.

En realidad deberíamos hablar de armonía y no de equilibrio. Hay que tener en cuenta, que es una armonía cualitativa y no cuantitativo: una hora de esfuerzo no necesita otra hora de relajación para crear la armonía.

Y eso es muy llamativo. Una vez más conectamos con la fuerza versus el esfuerzo. Un poco de fuerza,  de la relajación, compensa mucho mayor (cuantitativamente) esfuerzo, la tensión. Todos los practicantes de  Yoga lo experimentan y pueden corroborarlo con sus propias vivencias.

Entonces, resumiendo, podemos decir que la relajación es ese seguro de vida, la garantía de la continuidad de la vida. Creo que en Tao Te King hay un verso que dice más o menos así: Lo flexible y blando vive, lo rígido y duro muere.

No estoy muy seguro de la exactitud con la que trasmito ese verso, pero sí de la esencia: la relajación asegura la continuidad de la vida.

Qué obtenemos de la práctica de la relajación consciente

Antonio Blay hablaba de la relajación general consciente. Subrayando el elemento consciente como algo determinante. Sin la consciencia, en estado de vigilia, no hay relajación. Algo que me parece muy certero.

También es cierto que cuando uno se desmaya el cuerpo cae relajadamente al suelo. Está relajado.

Es una de las manifestaciones de nuestra naturaleza: el cuerpo en ausencia de la consciencia, se mantiene relajado. Lo hemos contemplado al principio del artículo.

Pero lo que nos ocupa ahora son las situaciones en las que nos encontramos en un estado de vigilia.

Entonces, para que la relajación surja hemos de hacer un gesto consciente, dirigiendo la atención, el gesto de crear las condiciones necesarias.

En cuanto nuestra atención se disperse, volverá  a instalarse la tensión. No porque el cuerpo por su iniciativa se pone tenso: el cuerpo nunca hace éstas cosas.

Es porque, sin darnos cuenta, volvemos a la dinámica que intentar hacer algo. Al principio cuesta separar esos aspectos: por un lado está el cuerpo en sí y por el otro estoy Yo que quiero hacer algo usando ese cuerpo.

Aprender a ver eso y a no dejarnos llevar por esos intentos, de los que no siempre somos conscientes, requiere práctica.

Además es evidente que al soltar las tensiones mejoramos la calidad de nuestra vida. Las mejoras se producen a todos los niveles: corporal, mental, sentimental (emocional, como suelen decir ahora).

Es curioso pero nuestros momentos “estelares” muchas veces se caracterizan por la facilidad, un marcado carácter distendido de los acontecimientos (externos y sobre todo los internos), una fluidez de las vivencias.

Es curioso pero nuestros momentos “estelares” muchas veces se caracterizan por la facilidad, un marcado carácter distendido de los acontecimientos (externos y sobre todo los internos), una fluidez de las vivencias.

Todo eso y más nos puede proporcionar la práctica de la relajación consciente. Hemos de tener en cuenta que la relajación puede describirse como un estado equilibrado; en éste estado con facilidad paramos o nos ponemos en marcha.

No cuesta nada arrancar y luego instalarse en el reposo y una vez más arrancar y luego parar y así sucesivamente.

Yendo al terreno de Yoga, ese estado equilibrado corresponde a la cualidad de materia manifiesta denominada sattva. Conectamos con esa cualidad a través de la práctica de la relajación.

Es decir, que estamos manipulando directamente la transición de una cualidad a otra, haciendo que, en nuestro caso, la materia se manifieste de una manera u otra.

Cuestiones que van muchísimo más allá de la “banalidad” de la vivencia de relajación.

Hemos de diferenciarlo también del estado tamásico, cualidad tamas – inercia,- en el cuál aún estando relajados nos cuesta arrancar, nos instalamos en un estado de pereza manifiesta, clara; una ausencia de cualquier deseo de movernos, incluso prefiriendo directamente a no movernos. Es una manifestación de la falta de armonía, falta de descanso, exceso de tensión, de esfuerzo.

Esa capacidad de manejar la transición de una cualidad de la materia manifiesta, prakriti en sánscrito, a la otra tiene que ver con la magia. Y muchos practicantes de yoga es posible que se escandalicen en este punto: pero las prácticas del yoga son prácticas mágicas.

No es esa magia cutre y salchichera de Harry Potter o las fantasías peliculeras de todo tipo. De eso hablaré en otros posts.

En resumen, con la práctica de la relajación consciente obtenemos el acceso a la fluidez de las vivencias, nos recuperamos, des-cansamos, creamos dis-tensión y por ende mejoramos la calidad de nuestra vida y hasta, quien sabe, la alargamos.

También es un recurso muy importante, e incluso decisivo, a la hora de afrontar lo que solemos llamar el estrés.

Cómo podemos practicar la relajación

En principio podemos practicar la relajación en cualquier situación y posición corporal. Desde mi punto de vista, la mejor postura es la tumbada sobre la espalda. Pero también hay personas que se encuentran muy cómodas en la postura prona – sobre el abdomen.

La postura tumbada asegura esa relajación máxima posible: sólo quedan los movimientos necesarios para mantener las constantes vitales.

Todas las demás posiciones nos proporcionan una relajación parcial. Sería un error pensar que en una postura de meditación (sentada) podemos relajar el cuerpo del todo, por ejemplo.

Los músculos posturales han de trabajar, si no la postura sencillamente se desmoronará.

Lo mismo estando de pie, caminando o haciendo cualquier otra acción. Siempre, hagamos lo que hagamos en nuestra vida cotidiana, podemos reducir considerablemente la tensión muscular.

Ese cómo practicar es, en definitiva, cuestión de nuestra creatividad, imaginación: podemos hacer lo que sea con tal de poder mantener la atención centrada en las vivencias, regulando el grado de tensión que creamos, procurando siempre mantener una tensión mínima necesaria.

Ese cómo practicar es, en definitiva, cuestión de nuestra creatividad, imaginación: podemos hacer lo que sea con tal de poder mantener la atención centrada en las vivencias, regulando el grado de tensión que creamos, procurando siempre mantener una tensión mínima necesaria.

Cuestión de probar. Una vez consigamos sentir el cuerpo relajado, comprenderemos cómo hacerlo.

Por supuesto la práctica de Hatha Yoga ayuda enormemente en esa labor de descubrir y perfeccionar el arte de la relajación.

Lo llamo el arte de la relajación. Es un nombre contradictorio. Si la relajación es algo natural, no hace falta crear nada.

Más bien es el arte de crear las condiciones óptimas para que la relajación surja.

Como un jardinero que crea y mantiene un jardín, haciendo posible que la Naturaleza se manifieste, así nosotros hemos de perfeccionar ese arte de cultivar nuestro jardín interior, permitiéndole a la Naturaleza manifestarse y a través de ella ver las sombras de aquello que somos en realidad. Las sombras de nuestro alma.

¿Aún no practicas el yoga? Creo que es el momento de empezar. Saldrás ganando.

Clases particulares de yoga

Esto es yoga, explicado en pocas palabras, tal como yo lo entiendo ahora.

En otros posts hablaré sobre los beneficios del yoga para el cuerpo, mente, emociones (sentimientos) y otros temas relacionados.

Nada más. Un abrazo, que vivas feliz, con amor y en amor. Hasta el próximo post. Namasté.

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Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(3) comments

[…] La parte “técnica” es relativaente sencilla y hasta fácil: conocer y practicar. Finalidad: desarrollar el arte y no “pulir” el ladrillo intentando convertirlo en un espejo, como en un cuento zen. Una de esas técnicas, entendidas en su sentido original, o sea el arte, es la relajación. […]

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[…] comentaba en el artículo sobre la relajación, es un arte. Y a pesar de existir muchas técnicas de relajación, todas ellas se reducen al arte […]

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[…] y aprender a calmar la agitación cada vez que la detectamos. La práctica de hatha yoga y de relajación pueden ayudar a calmar esta agitación con bastante […]

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