El uso de si mismo

By Victor Chertkov | Alma

El uso de si mismo - de la confusión a la claridad almayogavida.com

Te saludo, querido lector de almayogavida.com!

Hace unos años descubrí ese concepto, el de usar a sí mismo, al comprar el libro con el mismo nombre de Frederik Matthias Alexander, al autor de la técnica Alexander.

Me quedé literalmente asombrado por la capacidad de Alexander de investigar el origen del mal que estaba padeciendo y cuya investigación le llevó a la creación de su técnica.

Aquí quiero comentar esa propuesta o concepto. No sé realmente donde encuadrarlo. El caso es que, ciertamente, nos usamos a nosotros mismos. No hablaré de la técnica Alexander sino de la expansión que supuso en mi comprensión del ser humano ese concepto, esa visión.

La visión del ser humano – un ser compuesto, complejo

La psicología occidental, algunas de sus ramas, y mucho antes las tradiciones espirituales de diversos orígenes nos proponen ver al ser humano como un ser compuesto de múltiples capas, cuerpos, entes.

El Yoga nos ofrece ver al ser humano compuesto de cinco cuerpos o envolturas, la tradición rusa de los masíki ve al ser humano compuesto por el espíritu (дух), alma (душа) y los cuerpos sucesivos como instrumentos del alma. Y eso debe ser algo muy común para la visión tradicional que el ser humano desarrolló sobre sí mismo.

La existencia de los cuerpos o envolturas presupone algún uso de ellas por aquella parte de nosotros que realmente constituye la base. Así en el Yoga el cuerpo causal (Anandamaya kosha) es la causa de otros cuatro cuerpos, incluido el cuerpo físico (Annamaya kosha). Si somos coherentes con esa visión, el cuerpo físico existe en tanto en que existe el cuerpo causal, y el físico es usado por el causal y los cuerpos que lo preceden.

Permanentemente se nos olvida ese hecho y empezamos a jugar a juegos absurdos tratando de memorizar lo que hace el cerebro, afirmando que el cerebro es el que produce la conciencia y otras muchas tonterías.

Es como si el coche se volviera loco y empezara a circular al margen de lo que el conductor hace con los mandos. En el caso de un coche es algo inverosímil pero acostumbrados a esa visión reduccionista que nos proponen las ciencias naturales, la “autonomía” del cuerpo físico (y sobre todo del cerebro) nos parece absolutamente normal. No causa ninguna sensación de extrañeza.

La tradición de los masíki al establecer la jerarquía de cuerpos/instrumentos nos lleva a ver que, en efecto, existe un usuario de todo esto: el alma. La relación alma-espíritu es compleja, de momento no la comprendo del todo y por eso la dejo al margen.

Tanto los trabajos del Yoga como las psicoterapias occidentales nos proponen desidentificarnos de nuestro cuerpo físico, de nuestra mente, de nuestras emociones. No somos nada de eso. Y ¿qué somos? Aquello que se da cuenta, que puede observar. Digo, siguiendo a mis maestros, el observador-testigo.

No quiero analizar ahora mismo la naturaleza de ese observador-testigo. Lo que me interesa es ver que el uso de nosotros mismos, como apuntó en su tiempo Alexander, existe y es una propuesta muy fructífera.

El uso de si mismo en el día a día

Todos los días al despertarme, empiezo a usar mi cuerpo haciendo que se levante y se ponga en marcha. Lo hago YO, no lo hace mi cuerpo por su cuenta: el cuerpo no tiene necesidad alguna de ir al trabajo, no queda con amigos en un bar (porque los cuerpos no tienen amigos), no va al cine o al super a hacer la compra, no se viste ni se decora con tatuajes o cosmética. Eso lo hago YO, que no soy el cuerpo.

También pongo en marcha la lavadora de pensamientos. Y, generalmente, nos parece que los pensamientos vienen solos, que no los queremos ni los llamamos, aparecen por generación espontánea. Ojalá fuera tan fácil y simple.

Genero todo ese material con el fin de resolver los temas que hayan quedado sin resolverse. En otros momentos podemos despertarnos con la cabeza absolutamente libre de ese material pensatorio. De momento no entro en los porqués de ese fenómeno.

Lo mismo ocurre con las emociones, aunque últimamente prefiero llamarlos sentimientos. Pueden surgir y de hecho surgen en respuesta a ciertas situaciones, recuerdos, deseos, aspiraciones, sueños, etc. Tal como surgen los puedo modificar y aquí es donde entra el uso que les puedo dar: sentir todo eso y/o cambiar un sentimiento por otro. Eso está en nuestras manos, algunas veces puede resultar muy fácil y otras costar horrores, pero puede hacerse.

Como vamos viendo, en realidad estamos haciendo constantemente ese uso de los componentes de nuestro ser, prefiero decir de los instrumentos del alma.

Somos el alma, que es la causa de todo lo demás que atribuimos a lo humano. Y ese alma que somos es el usuario único del arsenal de instrumentos que tiene a su alcance.

Cómo se produce el uso de si mismo

Todo empieza con cierta intención, deseo o necesidad. Podríamos decir que eso es el verdadero movimiento. El cuerpo no tiene movimiento, tan solo se desplaza.

Entonces, ese movimiento inicial (intención, deseo o necesidad) crea unas imágenes de acción y de resultado. Y el cuerpo simplemente las ejecuta. Por cierto por ahí es por donde surge lo que llamamos el estrés.

Voy a poner un ejemplo. Si alguien sabe bailar, recordad cómo era el aprendizaje. Los ojos veían con claridad los pasos que hacía falta hacer, surgía el deseo de hacerlo y… con sorpresa se descubría que el cuerpo hacía cosas extrañas – andaba muy torpe. Eso provocaba la desesperación, el cabreo, el malestar, sentimiento de vergüenza, etc.

Lo asociamos a nuestra personalidad y en parte tenemos la razón. Pero solamente en parte porque se trata exactamente de la subpersonalidad que se activa en el momento presente.

¿Qué pasaba? Solamente una única cosa: no teníamos las imágenes de acción (pasos de baile) creadas y el cuerpo “no sabía” lo que tenía que hacer. Es solamente eso. Sorprendente pero el ejercito de profesores de todo tipo no tiene ni idea de que el desplazamiento corporal (voluntario, por supuesto) se debe a que ya existen ciertas imágenes previas al desplazamiento.

En otras palabras, unas instrucciones de cómo el cuerpo debe desplazarse.

Poco a poco la imagen se crea y empezamos a bailar. A medida que comprendemos mejor el desplazamiento necesario podemos ir mejorando su ejecución. Debido a la no comprensión de eso por parte de los profesores, los resultados se alcanzan mediante una estúpida repetición mecánica: si repites mil veces te saldrá mejor.

Una rotunda idiotez. Y no importa que es lo que se aprende: la técnica de piano o cualquier otro instrumento musical, el baile, las artes marciales o las posturas del Yoga, cómo hacer una pared con ladrillos o cualquier otra cosa.

Entonces, primero surgen unas imágenes, para ser más exacto, tenemos que crear unas imágenes. Es decir, usamos nuestra mente, estoy simplificando mucho. Luego se produce el desplazamiento corporal y, como resultado, llegamos al punto deseado: el resultado de la acción. Tanto durante como después nos acompañan nuestros sentimientos. Que dan el color a las vivencias. Y que, por lo visto, nos hacen meterse en esos berenjenales.

Después de todo lo que pretendemos es sentir una satisfacción o placer como resultado de nuestras acciones. Nadie en su sano juicio espera sufrir o morir después de una acción determinada. Incluso cuando nos metemos en algo muy largo, duro, difícil, doloroso, al final del viaje esperamos sentir un alivio, placer, satisfacción. La imagen del resultado satisfactorio es la que nos pone en marcha.

Qué nos ofrece esa visión – el uso de si mismo

Nos da una magnífica oportunidad de mejorar la calidad de nuestra vida, de comprender qué narices estamos haciendo y qué queremos en realidad.

Al ver que realmente le estoy dando un uso muy concreto a mi cuerpo porque quiero conseguir algo, puedo hacer ese uso más racional, menos bruto y estúpido y más amoroso y amable.

Eso lo digo en todas las clases de Yoga que doy: sed amables con vuestros cuerpos. Lo aprendí de mi maestra Pilar Inigo. Pero para ello hace falta ver qué quiero hacer y para qué quiero hacer tal o cual cosa.

Luego seré capaz de darle un uso más amable a mi cuerpo. Sorprendente, pero si llego a ser amable con mi cuerpo, es porque creo unas imágenes de acción amables, es decir le doy un uso a mi mente mucho más agradable y armonioso. ¿A dónde me lleva eso? A vivir unos sentimientos más amables y amorosos también.

Lo cual permite soltar las tensiones, respirar hondo y fluido, entre otras cosas.

¿Resultado? Genero un uso de mi mismo más amable a todos los niveles. Tan sencillo como esto y tan difícil al mismo tiempo. No estamos acostumbrados a ser amables con nosotros mismos. Ser brutos con nosotros mismos, tiranos, estúpidos no sale muy bien. Somos auténticos maestros en ello.

Podemos acariciar el cuerpo de una persona amada pero somos incapaces de acariciar nuestro propio cuerpo: nos parece extraño, ridículo, somos víctimas de numerosos prejuicios al respecto y al final, si queremos vivir mejor, tenemos que pasar por un aprendizaje largo reestructurando nuestra manera de ver las cosas.

También eso ayuda a aceptarnos y aceptar a los demás, soltar las tensiones y disfrutar de pequeños placeres, disfrutar de la vida, nada más y nada menos.

Por dónde empezar

Os propongo empezar por el cuerpo, es la parte más observable, sobre todo si no tenemos mucha experiencia en observarnos.

¿Qué hago con mi cuerpo?
¿Por qué lo uso así?
¿Qué pretendo conseguir con ese uso?

Al principio incluso esas preguntas nos podrán llevar a una incomprensión ¿a qué viene todo eso? No veo nada extraño, todo esta como siempre… Un poco de paciencia. Si perseveramos en la observación y seguimos haciendo las preguntas que propongo, empezaremos poco a poco ver lo que está pasando en realidad.

Lo más importante es que empezaremos a ver que, efectivamente, existe separación entre el cuerpo y lo que llamamos la mente. Que no somos ese cuerpo y sin embargo lo estamos usando cada instante.

Con cierta práctica de autoobservación llegaremos a ver aquello que antes estaba oculto – nuestro alma con sus deseos, aspiraciones, miedos, anhelos, alegrías y tristezas. Y de pro sí es un enorme paso hacia delante.

Os deseo la suerte en ese tarea de autodescubrimiento y os invito a compartir vuestras experiencias en los comentarios a éste post.

Un bonito video sobre el concepto de uso de sí mismo en la Técnica Alexander .

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(5) comments

[…] nuestro cuerpo y/o la mente creamos la confusión porque en realidad tan solo los poseemos, somos usuarios de nuestro cuerpo y nuestra […]

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La vida es amor 3 years ago

[…] y “pruebas” de ello y nos quedamos en esta lucha de nuestra propia creación. Hasta usamos nuestro cuerpo de una manera bastante […]

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Ser amable consigo mismo a couple of years ago

[…] se llama ese actor? ¿Qué es? Simplificando mucho diré que es nuestro alma. Es el alma el que usa el cuerpo físico como un […]

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[…] pesar de usar nuestro cuerpo, a pesar de tenerlo, no somos este cuerpo. Y al no serlo es absurdo reducir nuestras vivencias, las […]

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[…] Tus caminatas por la ciudad, por obligación o placer, da igual. Date cuenta de lo que haces y de cómo lo haces. Trata de estar en el aquí y ahora. Primero un poquito, luego más y más. Esto te llevará […]

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