La desidentificación

By Victor Chertkov | Conceptos

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Hola, querido lector de almayogavida.com!

En nuestra vivencia cotidiana nos identificamos de una manera muy estrecha con algunos aspectos de lo que somos en realidad, con una parte de lo que somos. Es decir, nos identificamos con nuestro cuerpo,- decimos ” a mi me duele …”,- nos identificamos con nuestros pensamientos y con nuestras emociones o, mejor dicho, sentimientos.

Eso no sería nada importante pero desviamos nuestra atención y por ende la acción en una dirección equivocada. Sería interesante investigar las raíces de esa identificación. Sin embargo para no entrar en un tema muy extenso, voy a decir que nos identificamos con el cuerpo, principalmente porque así es nuestra concepción del mundo: todo es material.

La desidentificación – somos hijos de nuestra época

De ahí esa fascinación enfermiza con el tema del cerebro (que es parte del cuerpo) y las tan llamadas NEUROciencias: qué hace el cerebro, dónde está localizada la memoria, los pensamientos, las emociones, qué sustancias produce, las ondas cerebrales, el cerebro reptiliano, etc. etc. etc.

¿Se identificaba con su cuerpo la gente hace 150 ó 200 años? No puedo afirmar a ciencia cierta, pero me parece que no. ¿Por qué? Porque por aquel entonces la concepción del mundo era distinta: el mundo era una creación de Dios y el ser humano también. Y el ser humano era tal porque tenía un alma. Eso era que lo distinguía de los animales.

El cuerpo tan sólo era el recipiente que contenía el alma y que a veces, según las creencias, podía contener algo ajeno al ser humano, un espíritu maligno que era necesario expulsar.

Más tarde con la entrada en el escenario histórico de jóvenes y revolucionarios naturalistas, fisiólogos que juraron demostrar que todo psíquico en el ser humano proviene de lo material, hace unos 150 años (la segunda mitad del siglo XIX), la visión tradicionalista fue desbancada y el mundo empezó a migrar a toda velocidad hacia una concepción del mundo puramente materialista. Cuando digo materialista, me refiero a un materialismo primitivo que hoy en día sigue vigente.

El tema del alma fue declarado una superstición y empezó a considerarse un tabú en el mundo científico: un científico que hablaba del alma estaba poco menos que mal de la cabeza. Por cierto el juramento inicial fue olvidado, siguen sin poder demostrar nada pero ahora nadie se acuerda de tan noble propósito de los padres de la ciencia moderna. Dicen directamente que es así y punto.

La desidentificación: tengo un cuerpo – no soy ese cuerpo

Bueno, surge esa identificación y con ella surge el error. Dejamos de ver lo que ocurre, nos fijamos en lo superfluo y entramos muy a menudo en una espiral de lucha inútil. Para evitar eso lo mejor es no identificarnos con nuestro  cuerpo, sentimientos y mente. Es en este punto donde podemos entrar con relativa facilidad al tema de la desidentificación.

Hemos de intentar de conectar con nuestra capacidad de darnos cuenta. Entonces es cuando descubrimos que tenemos un cuerpo y tenemos una mente. Hay alguien dentro de nosotros que lo tiene todo esto. El cuerpo no se tiene a sí mismo, ni tampoco la mente.

Ese alguien soy Yo. No confundamos el Yo con el concepto del Ego. Aunque viene a significar lo mismo en el sentido original de la palabra, hemos contaminado hasta tal punto el término Ego que se ha convertido en una auténtica quimera.

Quimera es un ser fabuloso y fantástico de la mitología griega, originalmente hija del monstruo colosal Tifón y de la víbora Equidna, cuyo cuerpo era mitad león, mitad cabra con alas y cola de dragón que expulsaba por la boca el fuego. Una mascota muy entrañable, vamos. Cuando actualmente decimos quimera, queremos decir un  sueño o creación imaginaria que se toma como real, siendo ilusoria, vana y casi imposible de conseguir.

Personalmente prefiero usar el Yo en lugar del Ego. Primero porque el Yo lo comprendemos enseguida y, segundo, detrás de la tapadera del Ego se esconden demasiadas cosas, tantas que sólo crean una confusión en lugar de aportar claridad. Con todo eso mucha gente con una “maestría” envidiable introduce el Ego en sus discursos produciendo la impresión de una persona culta y sobre todo entendida en los temas de psicología.

Podemos hacer un pequeño examen y preguntar a cualquiera que usa la palabreja a ver que significa el Ego. En la mayoría de los casos tendremos una hábil extracción del almacén de la memoria de alguna definición aprendida pero sin ninguna comprensión detrás. Cada vez que usamos alguna palabra especial, no importa si es científica o no, o no comprendemos lo que decimos u ocultamos algo o las dos cosas a la vez.

Esa es la función del argot – convertir el lenguaje en algo oscuro, comprensible sólo para los iniciados. El argot científico cumple la misma función – diferenciar a los “nuestros” de los ajenos, cifrar el mensaje. ¿Cuándo se usa el argot? Cuando queremos que nos entiendan únicamente los que entienden el argot y los demás no.

La desidentificación – el Yo como usuario del cuerpo y de la mente

Volvamos al hecho de que podemos darnos cuenta de que tenemos un cuerpo y una mente. Y que con un poco de observación, siendo sinceros con nosotros mismos, podemos decir que son nuestros.

El que afirma tener el cuerpo y la mente es el Yo. Luego el Yo no equivale a lo que tiene. Al igual que podemos decir que tenemos una moto (camisa, mochila, coche, casa, etc.) y está bien claro que no somos esa moto.

De aquí deriva que al identificarnos con nuestro cuerpo y/o la mente creamos la confusión porque en realidad tan solo los poseemos, somos usuarios de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Si eso es así, el cuerpo y la mente son unos instrumentos al servicio del Yo. Cuando logramos establecer esa desidentificación, descubrimos que en realidad somos entes independientes de esos instrumentos. No, no es así exactamente. Somos independientes, digamos, en origen pero no podemos prescindir de esos instrumentos en el plano denso, en el mundo físico.

La dependencia es únicamente en ese sentido. En un momento dado el alma puede tomar la decisión de sacrificar el cuerpo, no es una decisión fácil ni tampoco es algo liviano y sin embargo eso ocurre de cuando en cuando. El alma continua su existencia y el cuerpo se deja abandonado como tiramos una camisa vieja.

En el mundo físico, si queremos experimentarlo, no nos quedan más narices que usar el cuerpo físico y la mente. Al igual que si queremos que nuestro cuerpo físico vuele nos veremos obligados a usar los artilugios correspondientes: aviones, paracaídas, etc. Y sin embargo para caminar sobre la tierra nos sobran artilugios voladores, pisando la tierra somos independientes de ellos.

Pero ¿qué obtenemos al realizar esa desidentificación consciente de la mente y el cuerpo?

  • obtenemos una nueva y más amplia visión no sólo de nosotros mismos, sino del mundo en general
  • como consecuencia de ello empezamos a ver desde otra perspectiva nuestra vida y nuestras acciones
  • caminamos con mayor seguridad en el camino interior

Con eso la vida no se hace más fácil, no. Pero sí más simple y comprensible. Desaparecen ciertos velos (algunos, otros permanecen y requieren otro tipo de trabajo) que antes ocultaban la realidad.

Es un proceso que requiere tiempo, paciencia y un cultivo permanente de una autoobservación.

Hemos de intentar fomentar esa cultura de autoobservación que generalmente tenemos en un estado poco menos que embrionario.

 Ejercicio:

Tumbados sobre la espalda, soltamos nuestro cuerpo, soltamos las tensiones y desde el primer instante tomamos una firme decisión de no mover nuestro cuerpo. Nos limitaremos a observar los impulsos que fácilmente pueden surgir en el cuerpo y trataremos de no dejarnos llevar por ellos.

Es fácil que queramos cambiar la posición de las manos, los pies, las piernas, la cabeza, de rascarnos, etc. Pero NO HAREMOS NADA más que observar. Tratad de ver dónde surgen esos impulsos, si detectamos alguna incomodidad preguntaros ¿quién está incómodo?

Lo primero que nos parecerá es que el cuerpo no está cómodo. Lo cual no es cierto del todo – al cuerpo, en principio, le da lo mismo qué posición adoptar. La incomodidad no surge en el cuerpo ¿dónde entonces? Simplificando, diría que la incomodidad surge en la mente.

Realizad esa práctica durante algunos días y poco a poco iréis descubriendo que vosotros, efectivamente, no sois ese cuerpo que aparentemente se manifestaba incómodo. Incluso, un poco más tarde, con cierta práctica, podemos adoptar posiciones directamente incómodas (con inteligencia, sin torturar el cuerpo ni crear situaciones de peligro para su integridad – nuestro objetivo es descubrir).

Esa es una manera sencilla de entrar en el tema de desidentificación y poco a poco empezar a descubrir lo que somos en realidad.

Suerte en esa práctica! Y si surgen dudas o preguntas, podeis publicarlos en comentarios a ese post.

El trailer de la película “Sra. Doubtfire”. Un magnífico ejemplo de la no identificación. Todos los actores, sobre todo los buenos, lo practican. En la obra son un personaje y en la vida otro. La transformación puede ser asombrosa, como en éste caso, y sin embargo la esencia sigue siendo la misma.

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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(3) comments

[…] una entrada anterior hablé de la desidentificación con nuestro cuerpo nos proporciona cierta libertad y, a la larga, mayor visión de lo que somos en […]

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Ser amable consigo mismo a couple of years ago

[…] amables con nosotros mismos, amarnos, es una maniobra un tanto extraña.Creo que esto se debe a la identificación que creamos con ciertas partes de nosotros mismos creyendo ser todo esto y también debido a la […]

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[…] Hablo sobre el desapego en este post y sobre la desidentificación aquí. […]

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