Observar la fuerza

By Victor Chertkov | Alma

Observar la #fuerza permite conectar con ella

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Como continuación de varios posts sobre la atención y concentración quiero volver a tocar el tema de la fuerza.

Todos vivimos literalmente inmersos en un océano de la fuerza. Nos baña la fuerza… y aún así nos las arreglamos para salir secos del agua: cada dos por tres no “falta” la fuerza, nos sentimos débiles de cuando en cuando y esa sensación de la debilidad se manifiesta precisamente como la vivencia que formulamos como “no tengo fuerza”.

La buena noticia es que no podemos no tener fuerza, la mala es que a veces no sabemos cómo acceder a ella y seguimos estando inmersos en el océano de la fuerza.

Bueno, para salir de este bucle me parece interesante la práctica que consiste en la observación de la fuerza. La podemos observar, es observable.

Para ser más exactos la fuerza no puede ser vista (o tal vez sí) en directo, pero indirectamente la detectamos.

Esto se parece al aire que no vemos o el viento que como tal es invisible y tan solo el movimiento de la hojas de árboles, nubes, objetos ligeros que se desplazan, nubes de polvo, etc. permiten ver el viento.

Con la fuerza pasa lo mismo que no la podemos ver como tal pero detectamos perfectamente su presencia de una manera indirecta, nos apoyamos en “marcadores” externos.

Incluso en momentos de fatiga física muy intensa de repente podemos recobrar la fuerza y con la misma facilidad que la recobramos la podemos “perder”.

Perdemos el con-tacto con ella, es decir literalmente dejamos de sentirla a través del tacto. Si para ti esta vivencia no es así, deja en comentarios tu propia experiencia.

El viento, los ríos, etc. son manifestaciones más evidentes de la fuerza, no son la fuerza en sí, son tan sólo sus sombras que nos ayudan a detectar su presencia.

Un huracán no es la fuerza, la fuerza está detrás de él, así mismo detrás de otros fenómenos o sea manifestaciones de la fuerza.

¿Cómo podemos entrar en contacto con la fuerza? Nos tenemos que hacer esta pregunta porque, probablemente, seamos las únicas criaturas que sabemos “desconectar” de la fuerza.

Observar la fuerza – observar el amor

En este post comenté que la vida es amor. El amor es la fuerza, la fuerza es el amor. Nos cuesta verlo, incluso directamente rechazamos la misma posibilidad de tal conexión, de tal identificación.

En mi humilde opinión esto es lo que descubrimos cuando con sinceridad empezamos a contemplar la naturaleza y la fuerza que la subyace.

No estoy de acuerdo con esta visión de la lucha por supervivencia que tratan de vendernos los manuales de colegios, universidades, documentales, científicos y divulgadores de la ciencia.

Esa idea es fruto de una visión muy reduccionista, muy a tenor del tiempo en el que nació: finales del siglo XIX.

Que nace además en Europa en plena revolución industrial y también contaminada por las ideas de “revolución” social, en el escenario de una progresiva e imparable conversión del ser humano en el anexo de la máquina.

Los jóvenes científicos naturalistas que estaban involucrados en este movimiento político llevaron la política al campo de la ciencia, contaminaron con esta actitud la visión de las cosas y propagaron esta visión entre las masas de futuros intelectuales, en el ámbito universitario, en primer lugar.

Resultado – pusieron todo patas arriba, es el significado de la revolución, mezclar, revolver. Aquellos intelectuales perfilaron e instalaron una visión mecanicista que hoy en día nos parece “natural” por el simple hecho de desconocer o no interesarnos por circunstancias en las surgió esta visión.

Solo una mente retorcida puede ver lucha en la naturaleza. En lugar de esta lucha hay una convivencia muy compleja, con una enorme cantidad de vínculos entre factores y acontecimientos todos ellos enmarcados en un marco amoroso.

Si nos obsesionamos con ciertos aspectos de la vida, como por ejemplo la cadena trófica – depredadores se alimentan de sus víctimas – perdemos el norte por completo y dejamos de comprender lo que está ocurriendo.

Pero pasemos a observar la fuerza a través de sus manifestaciones.

Observar la fuerza – manifestaciones

Al igual que podemos contemplar el viento de una manera indirecta, por el movimiento de objetos o por su acción sobre nuestro cuerpo, la piel concretamente, lo mismo o algo parecido podemos hacer con la fuerza.

El el caso de la fuerza nos servirán los elementos y, por ejemplo, plantas. Los elementos y plantas no son la fuerza en sí, sin embargo transmiten muy bien sus manifestaciones.

Desde los tiempos inmemoriales el ser humano veneraba y observaba los elementos.

Los urbanícloas nos hemos desconectado de los elementos, los hemos declarado fuera de la ley con estos avisos psicóticos sobre alertas de colores por la olas de calor o frío en la prensa.

Nuestro afán de protegernos de la acción de los elementos llega al absurdo y todo esto en conjunto hace que dejemos de vivir los elementos y con ello dejamos de vivir la fuerza que través de ellos se manifiesta.

 Observar la fuerza – el viento

Cada vez que somos testigos de la acción del viento es una magnífica ocasión para contemplar esta acción. No contentarnos con “ya sé qué y cómo es el viento”. Eso es una mentira en la mayoría de los casos.

Para saber qué y cómo es viento es necesario, como mínimo, tener una experiencia de actuar con él, de vivir sus múltiples manifestaciones.

Lo que nos interesa ahora es observar su acción: cómo surge, cómo interactua con objetos…

La fuerza siempre es suave. Incluso si hablamos de un viento huracanado. No nos engañemos con el espectáculo de choque que presenciamos en el caso de vientos fuertes.

Cierto es que cuando alcanza velocidades elevadas arranca tejados, tumba árboles, causa múltiples destrozos. Pero aún así su acción es muy suave. Igual de suave que la de una brisa agradable. El efecto de esta acción es diferente en ambos casos.

Quiero decir con esto que estamos ante la fuerza pura, en ella no existe el esfuerzo ni agotamiento en el sentido de llegar a cansancio. La fuerza fluye, se transforma pero no se agota.

Te invito a sentir precisamente este aspecto de la fuerza: es suave siempre. Si tienes la suerte de presenciar la acción de un viento fuerte presta atención a este aspecto: suavidad, no hay esfuerzo. Y por eso, por ser la fuerza puede arrancar tejados y árboles.

Este es un vídeo de la manifestación clara de esta fuerza. Mira este vídeo.

Observar la fuerza – el agua

Con el agua podemos ver lo mismo. Es mejor observar el agua de los ríos, arroyos, mar u océano. En cada caso la fuerza se manifiesta. Pero es necesario abrir bien los ojos para poder ver su manifestación.

Estamos demasiado acostumbrados a mirar sin ver. Damos por sentado que ya conocemos esto, que sabemos cómo es el mar o un río. Lo cual es mentira.

Porque el verdadero conocimiento lo tendrá aquel que haya entrado en una interacción prolongada con ríos o mares. Los que navegan por ellos saben y ven muchas más cosas que los habitantes de ciudades a orillas de algún río o mar. Saben pero se lo callan porque aparentemente esto “no es interesante”. Porque, aparentemente, hay cosas más “importantes“.

Tenemos el ojo demasiado enjabonado para poder ver. Nos limitamos a mirar con una mirada ciega, vaga, superflua. Es la mirada de una estatua que tiene los ojos abiertos pero no ve nada. Es lo que nos pasa. Que nos comportamos como unas estatuas vivientes en lo que a mirar y ver se refiere.

Si tienes cerca un río, colócate en su orilla y empieza a observar su curso. Mira y trata de ver cómo se mueve y cómo cambia su fluir. Observa la diversidad asombrosa de pequeñas corrientes que surgen a cada instante.

Fíjate en los torbellinos del agua, en como, paradójicamente, hay corrientes que van en contracorriente en algunos puntos cercanos a la orilla.

Abre bien los ojos, interésate por lo que estas mirando y sobre todo trata de ver. Ese espectáculo es fascinante. Cualquier programa de la tele, incluidos, los educativos no son más que algo muy cutre y pálido, primitivo y simple en comparación con el espectáculo de un río fluyendo.

Pero para ello es necesario poder ver. El siguiente paso, siempre que sea posible, y con debidas precauciones (la fuerza no bromea aún cuando está jugando, que siempre juega) es probar a navegar o nadar en el río.

Insisto, mucho mucho cuidado con estas probatinas! No es una buena idea meterse en un río sin saber nadar o tratar de hacerlo en solitario sin tener una experiencia previa.

Algo parecido podemos hacer si  nos dedicamos a contemplar el mar. Las olas que llegan a la playa, ese incesante batir de las olas… Es otra manifestación clara y evidente de la fuerza. En cada caso podemos detectar ese carácter suave de la fuerza que se manifiesta en este caso a través de las olas del mar.

Si existen corrientes marinas cerca de la costa también es interesante observar estos fenómenos. Las mareas altas y bajas presentan un espectáculo inigualable siempre y cuando veamos lo que se manifiesta.

Con frecuencia contemplamos estos fenómenos desde la comodidad/incomodidad personal, como algo que ayuda o impide descansar, pasárnoslo bien.

De esta manera se nos escapa la esencia, perdemos la conexión con la madre naturaleza, nos extraviamos en el laberinto de nuestros deseos y metas poco claras.

Otra opción muy interesante son las cataratas o cascadas en los ríos. Estar cerca, siempre con cuidado, nos permite entrar en contacto más estrecho con la fuerza, con su manifestación a través de esa caída libre de masas de agua.

Observar [contemplar] la fuerza – plantas

El reino de las plantas es prácticamente omnipresente en este planeta. Incluso en rincones más inhóspitos podemos encontrar algo de vegetación que está ahí por que es la manifestación de la fuerza. Nos dicen que es una lucha por supervivencia.

Es mentira. La fuerza no necesita luchar. El reino vegetal está impregnado de la fuerza, es la fuerza materializada y no lo vemos.

Si tenéis suerte y podéis encontrar una plantita que se abre paso a través del hormigón o asfalto en las ciudades tendréis una hermosa oportunidad contemplar esa manifestación asombrosa de la fuerza.

Además contemplando estos fenómenos podemos hacernos las preguntas ¿cómo una planta con un tallo tan tierno es capaz de agrietar, cuartear y finalmente romper hormigón o asfalto?

Lo hace no porque esta luchando. En absoluto. La fuerza no lucha, ahí donde surge nada ni nadie puede pararla, desviar sí, colaborar con ella también pero no dominar como a veces decimos.

Se construye una presa en un río y en seguida empiezan a decir que han dominado el río. Esto es de risa. Podemos secar el río, agotar sus recursos pero jamás seremos capaces de dominar un río.

Pues eso: observa las manifestaciones de la fuerza a tu alrededor, abre bien los ojos, trata de ver mientras estas mirando. Y cuando lo veas, observa como la fuerza fluye a través de ti. Ese fluir es tan suave que ni lo notas. A partir de ahora procura darte cuenta de todo esto.

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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[…] eso, querido lector, te invito a observar la naturaleza para descubrir esa omnipresencia de la vida por un lado y para comprobar si lo que digo es real o […]

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