Ser amable consigo mismo

By Victor Chertkov | Amor

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Ta saludo querido lector de almayogavida.com!

Cuando estaba haciendo la formación de profesores de yoga, mi querida maestra Pilar Ínigo nos decía que teníamos que ser amables con nosotros mismos, en primer lugar con nuestros cuerpos. Me impactó esta expresión y me gustó mucho.


Es verdad, procuramos ser amables con los demás pero no somos amables con nosotros mismos. Incluso nos puede parecer extraño el mismo planteamiento. Mucha gente no se da cuenta de la importancia que tiene ser amable consigo misma. Sencillamente ni se lo plantea.

Nos puede parecer que tratarnos como si fuéramos un ente separado, hablar con nosotros mismos, mantener un diálogo interno constructivo, ser amables con nosotros mismos, amarnos, es una maniobra un tanto extraña.Creo que esto se debe a la identificación que creamos con ciertas partes de nosotros mismos creyendo ser todo esto y también debido a la extrañeza de esta propuesta: observarnos.

Si lo hacemos hemos de reconocer que existe el observador y lo observado. Y si es así, resulta que el observador no es el cuerpo, ni pensamientos, ni emociones/sentimientos, etc. Este descubrimiento es toda una novedad. Y al ser una novedad no sabemos qué hacer con ella, tal vez sea la primera vez que nos acercamos a la complejidad de lo que somos.

Ser amable consigo mismo – etimología

A nivel etimológico, amable viene del latín amabilis y significa “digno de ser amado”. Y por algo podemos ser “dignos de ser amados”.

En relaciones con los demás podemos ser dignos de ser amados por ser de alguna manera muy especiales, es decir, básicamente, la gente nos amará porque les creamos buenas vivencias, buenas sensaciones como resultado del trato que les damos. Cuando decimos que una persona es amable es porque nos agrada el cómo nos trata.

Hasta aquí todo claro. ¿Y cuándo hablamos de nosotros mismos? Exactamente lo mismo. Y es cuando descubrimos este aspecto un tanto extraño ¿quién o qué es digno de ser amado dentro de mi? ¿Quién o qué, dentro de mi, me trata a mí? Hasta puede sonar un tanto esquizofrénico.

En realidad no lo es. Veamos lo que ocurre.

Ser amable consigo mismo – el cuerpo

Para acercarnos a esta maravillosa práctica yo lo haría desde el cuerpo. Desde el cuerpo físico. En el yoga [tántrico] hablan de cinco cuerpos. Pues vamos a empezar con el cuerpo físico que es el último en esta cadena de cuerpos.

¿Cuantas veces forzamos nuestro cuerpo para conseguir las metas que nos proponemos? Generalmente estas metas son minúsculas, sin importancia alguna, perfectamente desechables. Curiosamente las tratamos como algo tan importante que sin dudar estamos dispuestos a hacernos daño, causarnos lesiones. Me refiero a los casos de labores domésticas, algún esfuerzo físico puntual que nos toca hacer: mover o levantar algo pesado.

Eso es muy frecuente en trabajos físicos, ser bruto con nuestro propio cuerpo está bien visto. Evidentemente, no lo presentamos así y sin embargo lo hacemos así. Para nuestra sorpresa, lo mismo ocurre con oficios más nobles, oficios que requieren un refinamiento en muchos aspectos y sin embargo el cuerpo sufre no menos que en trabajos muy simples y rutinarios. Lo vemos en los músicos, por ejemplo. Pero no son únicos en este sentido. Tocar un instrumento muchas veces lleva a unas lesiones físicas.

Trabajar duro para dominar el arte de tocar un instrumento muchas veces se convierte en sinónimo de maltratar el cuerpo. Crear contracturas, lesiones de todo tipo como ese precio “inevitable” que se paga por dedicarse a una labor tan noble. En el fondo no es más que el resultado de ser fieles a una costumbre mal entendida y hacerlo de una manera irreflexiva. Muchas horas de práctica no son iguales a buena o eficaz práctica. Muchas horas de práctica son una muestra de incomprensión de algo fundamental: el cuerpo hace lo que le decimos.

Por eso el tema no es torturar el cuerpo con horas y horas de práctica, sino de aprender a ser muy exactos y precisos a la hora de decirle al cuerpo lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer. Decirle al cuerpo lo que queremos hacer ocupa muy poco tiempo, tan apenas unos minutos. Y la única manera de decirle esto con exactitud, por lo visto, es creando imágenes precisas, exactas, pormenorizadas de lo que quieres hacer. Lo último requiere un trabajo muy fino y la existencia de una cultura psíquica desarrollada, al menos en esta parte que estamos tratando de ver.

Trabajar duro torturando el cuerpo lo hace cualquiera. Es curioso, cuando a un grupo de expertos corredores de campo a través les propusieron dedicar 5 minutos al día a la visualización de lo que van a hacer durante la carrera el 95% declararon que prefieren correr dos horas por un bosque con caminos difíciles que estar 5 minutos visualizándolo.

Bueno, y hablando de instrumentos musicales, trabajar duro, maltratando el cuerpo con horas de práctica sigue siendo, desde mi punto de vista, una barbaridad. Es una barbaridad porque el único instrumento en el plano físico digno de ser cuidado es el cuerpo físico. Los demás instrumentos (musicales o no) son secundarios y tan solo son extensiones de nuestro cuerpo. Por mucho que se valore un violín fabricado por un gran maestro es perfectamente sustituible. Lo que no es sustituible es el cuerpo físico.

Para nada somos amables con nuestro cuerpo. No se considera de buenas modales ser brusco a la hora de entrar en contacto con cuerpos de otras personas. En transporte público, por ejemplo, o bailando o abrazando o dando un beso o en cualquier otra situación en la que entramos en contacto con un cuerpo vivo. Y sin embargo no nos importa ser muy bruscos, muy agresivos, muy brutos con nuestro propio cuerpo. Hasta nos puede parecer que es algo bueno, loable, una muestra de entrega, de compromiso. En realidad es una barbaridad, fruto de la ignorancia, una muestra de falta de amor a nosotros mismos.

La ilusión del cuerpo

En parte esto ocurre porque sabemos, lo hemos descubierto a lo largo de nuestra vida, que el cuerpo se recupera. Se recupera bastante bien de muchas lesiones y traumas de todo tipo. A diferencia de muchos instrumentos externos que hemos fabricado nuestro cuerpo posee esa cualidad de autoorganización, de mantener la integridad a pesar de los daños que pueda sufrir.

Una muestra de ello son los pintores con la boca y el pie. Un cuerpo que no está del todo íntegro puede ser usado igual o mejor incluso que un cuerpo en perfectas condiciones. ¿Por qué esto es así? Porque no es el cuerpo el que actúa, sino el usuario del cuerpo.

Estos son los ejemplos de algunas obras de estos formidables pintores:

Es este usuario el que hace que tal o cual cuerpo haga maravillas o sea algo “mediocre”. En realidad, como lo vemos en caso de pintores, el cuerpo en sí da igual. Todo depende del usuario del cuerpo. Este usuario es el que puede o no ser amable. Es el que observa, el que se da cuenta, el que ve y comprende, el que construye imágenes y las transmite al cuerpo.

Dice un refrán chino: no hay campos malos, hay personas malas. Muy duro pero muy cierto.

Y en este punto dejamos de lado el cuerpo físico para pasar a la otra parte, al otro actor de este espectáculo que llamamos “ser amable consigo mismo”.

Ser amable consigo mismo – la otra parte de mi

¿Cómo se llama ese actor? ¿Qué es? Simplificando mucho diré que es nuestro alma. Es el alma el que usa el cuerpo físico como un vehículo.

Lo usa para conseguir sus fines, sus metas. Y por ende, desde el alma parten estas maneras de usar el cuerpo de una forma o de la otra. Por cierto, forma en latín significa imagen. Y es muy interesante analizar esa forma, esa imagen que nos llegó de los que crearon la lengua. Lo haré en otra ocasión.

Llegado el caso el alma puede tomar la decisión de sacrificar el cuerpo.  De hecho es lo que observamos a nuestro alrededor: muchísima gente lesionada físicamente sin ninguna justificación. Achacando su condición física lamentable casi siempre a factores externos, sin darse cuenta de que es el resultado del uso que le dan a su cuerpo.

Por muy “duro” que pueda ser en apariencia un trabajo físico lo podemos convertir en fácil y hasta agradable. Palabra de un profesional con años de experiencia en trabajos considerados como “duros”.

Pero volvamos al alma. ¿Puede el alma ser o no amable? Es decir ¿puede o no ser digno de ser amado? La respuesta es sí ambos casos. Sabemos a ciencia cierta que si amamos nuestro alma, si nos amamos, vivimos una vida mejor, más agradable y distendida, menos agobiada, más alegre y feliz y hasta más productiva.

Por lo tanto más nos vale amarnos, amar nuestro alma, amar nuestro cuerpo. Sobre cómo hacerlo hablo en este eBook gratuito.

Y llegado a este punto, puedo descubrir que sigo sin alcanzar el final de la cadena de “amantes internos”. Digo “mi cuerpo”, “mi alma”, “mis pensamientos”, “mi mente”, “mis emociones/sentimientos”, “mis subpersonalidades“, “mi personalidad“, “mi ego”, hasta “mi espíritu”… En otras palabras existe todavía ese ente que se atribuye la propiedad de todo esto. Y todo esto que nombré puede ser amable, es decir digno de ser amado.

Para no extenderme mucho dejaré este punto sin tratar. Lo que me interesa ahora es ver que realmente podemos ser amables con nosotros mismos. Y hemos visto un poco, muy por encima, ese grupito teatral que llevamos dentro y que participa en lo que llamamos “ser amable consigo mismo”.

Ser amable consigo mismo – diálogo interno constructivo

Hablé sobre el diálogo interno constructivo en un post anterior, y creo que esa actitud, este diálogo es lo que nos puede ayudar directamente a ser amables con nosotros mismos.

¿Cuántas veces nos llamamos tontos, estúpidos, idiotas, inútiles, desastres, etc.? ¿Diríamos esto a un amigo, un cliente, la persona que amamos o respetamos? Yo creo que no. Siempre que pudiésemos elegiríamos usar algún calificativo cariñoso, amable…

¿Por qué no nos permitimos ese mismo trato a nosotros mismos? Por un lado, porque no estamos acostumbrados a hacerlo y por el otro porque no sabemos cómo hacerlo. Estos dos factores determinan en gran parte nuestra incapacidad de hablarnos de una manera cordial. Y al mismo tiempo, estos dos factores producirán la sensación de una extraña novedad que de por sí representa un obstáculo añadido: todo aquello que es nuevo se percibe, a nivel de las sensaciones, como erróneo.

Ese diálogo interno constructivo es parte fundamental del arte de amarnos a nosotros mismos además de la necesidad de ser amables con nosotros mismos. Y por eso en necesario prestarle especial atención.

Ser amable consigo mismo – en la rutina diaria

Dicho todo esto te invito a desarrollar y practicar esa actitud de ser amable consigo mismo en el día a día. Es sencillo, fácil, asequible para cualquier persona. Tan solo es cuestión de atrevernos a dar este paso.

Cualquier acción que nos toca realizar es una perfecta y justificada excusa para ser amables con nosotros mismos.

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About the Author

Profesor de yoga y yogaterapia, psicoterapeuta, coach, experto en técnicas de relajación y crecimiento personal con más de 30 años de experiencia, filólogo, buscador en el camino interior e investigador del alma.

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